Publicado por
León

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Ahí donde las ven, que parecen tan poquita cosa, las preposiciones son fundamentales en la vida. Esto lo sabe muy bien Kiko Rivera Pantoja, también llamado Paquirrín. Él se ha pasado media vida soportando que se rían de él. Y ha decidido que ya es hora de cambiar esa preposición y lograr que se rían con él. Más que desmontar a este chico, la Sexta parece haberlo reorganizado.

Le ha proporcionado un arma infalible: la autoestima. Y a partir de ese momento, Kiko se ha encontrado a sí mismo, ha perdido el miedo escénico y se ha lanzado él solito al estrellato. Claro que el resultado no se conocerá del todo hasta que aterrice, pero mientras dura la odisea él lo está pasando en grande, y no es cuestión de quitarle la ilusión al chiquillo.

Dice un viejo refrán taurino que «El toro, de cinco, y el torero, de veinticinco». Kiko Rivera tiene precisamente esa edad, pero torear, lo que se dice torear... más bien poco. Y cantar, menos todavía. Sin embargo, tiene a su favor el tenerlo todo en contra. Es decir, al no poseer un gran físico, ni una bella voz, ni un apabullante intelecto, ni una labia embaucadora, no le queda otro remedio que (haciendo de la necesidad virtud) reírse de sí mismo y tirar por la calle del medio, que en este caso concreto es la vía del humor.

Cuenta el hijo de Isabel Pantoja que sus hermanos (Francisco y Cayetano) son los guapos de la familia, y él, el gracioso. Un gracioso liga tanto o más que un guapo, y Kiko en eso no ha perdido el tiempo (la última, una brasileña). Lo que pasa es que una cosa es ligar y otra muy distinta que te quieran. Y ahí, Paquirrín se ha llevado muchas decepciones. Por eso me temo que en esto de creerse el rey de la comedia Kiko haya pecado también de ingenuo y esté dando, como suele decirse, la vuelta al ruedo por su cuenta.

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