La agresividad canina en el punto de mira
Es una conducta indeseable que puede poner en serio riesgo la integridad física de una persona
La agresividad es una conducta de los perros que permite regular las relaciones entre la manada.
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Los especialistas en comportamiento animal afirman que, la agresividad en los perros ha de entenderse, en términos generales, como un conjunto de factores entre los que se encuentran los ambientales, genéticos, individuales, fisiológicos, motivacionales, instrumentales y hasta patológicos. Los comportamientos provienen principalmente del aprendizaje, pero no se puede olvidar que un porcentaje, aunque pequeño, proviene de la herencia genética. Como consecuencia de este fenómeno, se puede encontrar distintos grados de violencia canina que deberán ser tratados por especialistas de formas diferentes.
Es la conducta por la cual más frecuentemente los propietarios consultan a los etólogos. Hace años se pensaba que si un perro mordía a una persona era porque padecía alguna enfermedad, en concreto la rabia. En la mayoría de los casos probablemente se debería a otras causas.
Los más pequeños de la casa suelen ser las víctimas más frecuentes y la explicación que los expertos dan a este fenómeno es que los menores no son realmente conscientes de las amenazas previas al ataque de un perro. El adecuado conocimiento del lenguaje corporal de los perros puede evitar muchas veces un ataque. Esto mismo ocurre en los casos en los que la agresividad va dirigida a los miembros de la familia por conflictos de tipo jerárquico. En estos casos es de vital importancia conocer cómo se establece la jerarquía en una manada y las reglas que la mantienen en armonía para evitar este tipo de agresividad.
Hay que tener en cuenta que los animales no son siempre los únicos responsables ya que en muchas ocasiones este tipo de reacciones responde a un total desconocimiento que la mayoría de las personas tiene acerca del comportamiento de los perros. También muchas conductas agresivas son estimuladas o promovidas, ya sea consciente o inconscientemente por el propietario. En general la mayoría de los comportamientos agresivos son normales, es decir, no son debidos a patologías de origen orgánico. Para algunos incluso es considerada una cracterística positiva en muchas razas de perros, sobre todo los destinados a la protección de un territorio o de la familia, perros de guarda y defensa.
Los problemas de agresividad se pueden prevenir siempre y cuando se consideren tres aspectos fundamentales que todo nuevo propietario deber conocer. El primero de ellos hace referencia a la cría y socialización del cachorro. Debemos garantizar que el cachorro tenga un buen contacto con las personas y una socialización adecuada sobre todo con niños y con otros animales. El segundo está relacionado con un uso correcto del castigo y la recompensa. Es importante aprender a premiar y reprender de manera correcta la conducta del perro. El tercer punto se refiere al diagnóstico precoz de los problemas de agresividad. Cuanto antes se detecte, más sencillo será tratarlo y controlarlo. El propietario debe comentar al veterinario cualquier alteración en el comportamiento de su perro que pueda dar lugar a largo plazo a un animal conflictivo y peligroso.