Francia, uno de los países con mayor conflictividad por la crisis

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Thierry Masure
León

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Francia ha sido escenario en los últimos meses de singulares formas de protesta, inéditas en el resto de Europa, contra la sangría de despidos provocada por la recesión. Al bloqueo de fábricas por piquetes de huelguistas y al secuestro de empresarios, se han sumado amenazas de destrucción de maquinaria.

Al otro lado del mundo, Japón o Corea del Sur también viven conflictos sociales violentos, como el padecido por la fábrica del constructor de automóviles Sang Yong, cerca de Seúl, que acabó convertida en un verdadero campamento de trabajadores atrincherados durante 77 días. Pero esas cosas no suelen suceder en la Unión Europea, de ahí que Francia destaque entre sus vecinos.

En el país galo, a una primera ola de secuestros de empresarios la pasada primavera en las fábricas de las multinacionales Sony o Caterpillar, le siguió a finales de julio otra similar sufrida por directivos de Michelin, que obligó al gobierno a plantarse como mediador. El director del fabricante de componentes electrónicos para coches Molex, enfrentado a un conflicto interminable tras la decisión de cerrar una de sus plantas, acaba presentar una demanda judicial por «violencia» tras haber sido «agredido», según su relato, por los obreros al salir de una fábrica, extremo que niegan los sindicatos. Otro administrador de la empresa asegura que incluso recibió «amenazas de muerte» y se queja de que sólo puede desplazarse «acompañado por guardaespaldas».

Volar la fábrica

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A finales de julio, los obreros de New Fabris, un proveedor de los constructores automovilísticos Renault y Peugeot, en el centro de Francia, amenazaron con hacer estallar su fábrica con garrafas de gas si no obtenían 30.000 euros cada uno como compensación por su despido, además de los mínimos legales. Todo ello a pesar de que sus indemnizaciones son «relativamente elevadas, en comparación con las de otros países, como los anglosajones», señaló el abogado Reinhard Damman, experto en conflictos laborales. Finalmente, los trabajadores no cumplieron sus amenazas.