Zapatero culpa a Rajoy de la pérdida de la credibilidad exterior de España
El presidente del Gobierno recibe una andanada de críticas en el Parlamento de toda la oposición por su reacción a las dudas de los mercados internacionales
Zapatero y las vicepresidentas De la Vega y Salgado, durante el pleno del Congreso.
A perro flaco todo son pulgas. Primera sesión de control al Gobierno tras las vacaciones parlamentarias y primera andanada sin tregua de toda la oposición a José Luis Rodríguez Zapatero y su gabinete, tras haber vivido la semana más convulsa de su mandato. El jefe del Ejecutivo recibió este miércoles la buena noticia de que dos agencias de calificación han vuelto a dar a la deuda española las máximas credenciales, pero en el hemiciclo soportó de todo por responder a las dudas de los mercados internacionales con «improvisación» y «desconcierto».
«Ha decidido hacer una serie de anuncios de manera precipitada que únicamente han servido para generar más desconfianza y más incertidumbre», reprendió Mariano Rajoy.
No era el primer ataque del día porque Zapatero tuvo que hacer frente también a los reproches del portavoz de CiU en la cámara baja, Josep Antoni Duran i Lleida. Éste le echó en cara algo similar, pero con un tono distinto: que actúe de forma atolondrada cuando lo que, a su juicio, requiere un momento económicamente tan delicado como el actual es buscar el máximo consenso. «No se trata simplemente -”dijo-” de responder con buenas palabras, como hizo usted».
Acorralado, Zapatero se defendió al ataque. Si el lunes achacó el último batacazo de la Bolsa y las dudas sobre España a una conspiración internacional de los «especuladores» que buscan hundir el euro, ayer responsabilizó directamente a Rajoy y a su partido de la mala prensa española. «No han hecho más que caer en la exageración y crear una alarma que daña nuestra credibilidad». En su réplica Zapatero reiteró de manera insistente que España es un país solvente y con una «gran fortaleza». Lo hizo para tachar a Rajoy de irresponsable por ponerlo, a su juicio, en cuestión.
Patinazo. Pero en su intento de utilizar las cifras para abofetear al contrario, patinó. «Hoy -”subrayó-” la deuda de España es inferior a cuando ustedes estaban en el Gobierno». Al PP le faltó tiempo para negar la mayor y recordar que, en el 2004, el porcentaje de deuda pública sobre el PIB era del 48,7% mientras que ahora llega al 55,2%.
Lo que en realidad quería decir el presidente es lo que luego añadió; lo mismo que hizo la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, en su rifirrafe con el portavoz económico del PP, Cristóbal Montono: que emitir ahora deuda cuesta más barato que cuando gobernaba Aznar. Una verdad incontestable, aunque sólo sea porque entonces los tipos de interés eran mucho más elevados y hoy están en mínimos.
Del mismo modo que trató de minimizar el rápido crecimiento de la deuda, el jefe del Ejecutivo relativizó el hecho de que, contra su propio vaticinio, España sea uno de los pocos países que aún sigue en recesión. Es más, se mantuvo en su tesis de que la recuperación está en marcha. Una tesis que ya defendía antes de saberse que tampoco en el último tramo de 2009 se salió del pozo en el que España lleva siete trimestres consecutivos.