Zapatero apuesta por Túnez como un amplio campo de oportunidades

El presidente mantiene el viaje pese a la incertidumbre del gobierno provisional

Zapatero, en la Feria de la Alimentación de Dubai.

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paula de las heras | dubai
León

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«Tenemos que estar ahí y España va a estar». Los acontecimientos de los últimos días en Túnez parecían poco propicios para que José Luis Rodríguez Zapatero mantuviera en pie su visita; tanto que hasta en su gabinete admiten haber tenido dudas después de que las protestas obligaran a dimitir al primer ministro del Gobierno provisional, Mohamed Ganuchi, pero el empeño personal del jefe del Ejecutivo pudo con todo. Incluso con los recelos oídos a sus anfitriones en la minigira de Catar y Emiratos Árabes Unidos, por el modo en el que la comunidad internacional se ha lanzado a aplaudir las revueltas. Zapatero aterrizará hoy en Túnez, después de haber dormido en la Moncloa, y se convertirá, como estaba previsto, en el primer presidente de un Gobierno occidental en pisar el país magrebí desde la caída de Ben Alí. Lo dejó claro ayer en Dubai, durante unas breves declaraciones en el pabellón español de la Feria Internacional de Alimentación que se celebra en esta ciudad. «Mi intención -”dijo-” es escuchar, dar apoyo al proceso de cambio y modernización, asesorar y ayudar, si es que quieren nuestra ayuda»

Fue él quien advirtió a la dirección del PSOE, en la última ejecutiva del partido, que convenía ser prudentes hasta ver cómo se encauzan las cosas para evitar pillarse los dedos. Pero fuentes del Gobierno defienden que España tiene ahora la oportunidad de desempeñar un papel activo, que «no invasivo», en una región sobre la que tenía una influencia limitada, y que debe aprovecharla. Desde un punto de vista pragmático, hay socialistas que incluso alegan que es el momento de comer terreno a Francia en el Magreb.

Experiencia de transición. A su favor, para tratar de colaborar a que la deriva del cambio sea democrática, España tiene un par de elementos: el tipo de relaciones que mantuvo con el régimen de Ben Alí, mucho menos intensa que la de Francia, aducen en el Gobierno; y la experiencia de un proceso de transición que, según Zapatero, sirve de «modelo» a muchos países. Son factores, insisten, que facilitan el acercamiento a quienes están llamados a ejercer como principales actores de la nueva etapa. Quiénes son esos actores no está del todo claro. El jefe del Ejecutivo ni siquiera sabía aún en Dubai si a su llegada a Túnez, estaría o no constituido el nuevo Gobierno de transición que, presumiblemente, será presidido por Beyi Saif Essebsi. Pero en todo caso, su principal interés está en conocer la hoja de ruta de los tres presidentes de las comisiones de reformas, de los grupos de la oposición e incluso de los cinco representantes de las redes sociales que han impulsado las revueltas. Conocerla y «escucharla», como él mismo dijo, de primera mano. Un dato que no es menor.

En la cena que mantuvo el pasado lunes con el príncipe heredero del emirato de Abu Dabi, el jeque Mohamed bin Zayed al Nahyan, tuvo que oír un mensaje de prevención. Según fuentes próximas a Zapatero, el dirigente emiratí mostró sus reservas hacia el análisis, a su juicio precipitado, de la comunidad internacional en general y la Unión Europea en particular de lo que está ocurriendo en el mundo árabe. «En Europa os habéis subido a una ola -”llegó a decir, según fuentes diplomáticas-” pero no sabéis adónde va».

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La advertencia no es, obviamente imparcial. Como miembro de una monarquía absoluta, le inquietan las revueltas en los países de su entorno, fundamentalmente, en Barein y Omán, pero no solo porque tema que se extiendan a su emirato, sino también por la inestabilidad que generaría en la región.