Zapatero quiere agotar la legislatura pero crece la presión dentro del PSOE

La fecha de las elecciones depende de su aguante frente a quienes piden el adelanto

Alfredo Pérez Rubalcaba saluda a los militantes en Santiago de Compostela.

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ramón gorriarán | madrid
León

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Aunque suenan tambores de adelanto electoral, José Luis Rodríguez Zapatero sigue empeñado en agotar la legislatura, disolver el Parlamento en enero y convocar los comicios en marzo. Que consiga su objetivo dependerá de su capacidad para resistir las presiones externas, pero también las internas del PSOE, de la fidelidad de los aliados parlamentarios, y de la evolución del panorama internacional, sobre todo del rumbo que tome la crisis de la deuda de Grecia.

Un cúmulo de circunstancias que hace que nadie, ni siquiera el propio presidente, esté seguro del calendario político tras el verano. Zapatero, además de su querencia por agotar los mandatos sean propios o ajenos, no quiere salir por la puerta de atrás como un presidente derrotado, y un anticipo de los comicios siempre tiene algo de derrota porque denota la incapacidad para cumplir un mandato. Pero cree además que lo que menos conviene a España en medio de la crisis es entrar en una etapa de incertidumbre y unas elecciones, pese al gran favoritismo que otorgan las encuestas al PP, siempre abre una fase incierta. Estos serían los factores que empujan al jefe del Ejecutivo a defender que las elecciones sean en marzo, aunque su silencio sobre la fecha en el reciente debate sobre el estado de la nación desató todo tipo de conjeturas.

Los socialistas sostienen que hay tantos elementos a favor del anticipo como en contra. Juega a favor del adelanto que ninguna de las reformas que el Gobierno ve indispensables, pensiones, negociación colectiva y del sistema financiero, requieren que la legislatura vaya más allá de noviembre porque pueden estar aprobadas entre septiembre y octubre en las Cortes. Otoño además va a ser una estación en la que los indicadores económicos, paro, crecimiento y balanza comercial, van a ser aceptables e incluso buenos, Zapatero aventuró en el debate de la pasada semana que el PIB crecerá 1,5% en el último trimestre. Unos datos que en los primeros meses del 2012 es muy probable que no sean tan favorables.

En el PSOE, pero también dentro del Gobierno, sostienen asimismo que ahora hay muchos «arrepentidos» de no haber votado o haberlo hecho por el PP en los comicios locales y autonómicos, y están incómodos con el mapa azul que refleja la apabullante hegemonía territorial de los populares. Estos ciudadanos, arguyen los socialistas, no quieren que ese dominio se refleje en una mayoría absoluta de los populares en unas generales. Pero si ese sentimiento se deja enfriar hasta marzo próximo, aventuran en el partido gubernamental, podrían volver a repetirse los resultados del 22 de mayo. Los socialistas que respaldan el adelanto electoral también relativizan el apoyo de los nacionalistas vascos y canarios a los Presupuestos del próximo año y las reformas legislativas pendientes. No es lo mismo, afirman, respaldar al Gobierno en las resoluciones del debate sobre el estado de la nación que tienen un efecto político limitado que jugársela en la aprobación de las cuentas públicas de un Gobierno de capa caída. Otra baza a favor del anticipo es que el candidato del PSOE no necesita tiempo para darse a conocer, Alfredo Pérez Rubalcaba es un político de dilatada y conocida trayectoria que no necesita del fragor de una larga campaña. Unas elecciones en otoño además no podría considerarse un adelanto en términos políticos. Felipe González anticipó los comicios de 1989 y 1996, los primeros los ganó y los segundos los perdió por los pelos, y no pasó a la historia como un presidente que salió apaleado del Ejecutivo.

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Pero en el PSOE también hay voces que defienden agotar el mandato con poderosos argumentos y sostienen que es necesario distanciar lo más posible las generales del naufragio de las locales y autonómicas para intentar romper la dinámica perdedora.