Estévez: «Las empresas familiares ya casi están aguantando al límite»

Las comarcas se aferran a las actividades que siempre han tirado de su economía

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m. j. muñiz | león
León

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La actividad agrícola, los primeros intentos de agroindustria, la minería (la energética y la no energética), incluso la industria han sido actividades que tradicionalmente han «tirado» de la economía de las distintas comarcas leonesas. Hoy muchos de estos sectores están en crisis, en el mejor de los casos paralizados. Pero las alternativas que se dibujan para tirar del carro de la actividad y el empleo en estas comarcas tampoco acaban de despegar.

En El Bierzo, por ejemplo, el panorama empresarial está marcado por el drástico parón de la actividad en industrias que fueron emergentes, especialmente al calor de la que se adivinaba pujante industria eólica. Con el sector del metal «prácticamente desmantelado», la construcción parada y otras actividades tradicionales como la minería en los últimos coletazos de su reestructuración, el «efecto dominó» se ha dejado notar sobre todas las actividades.

Muy lejos del desarrollo industrial pero con una pujante producción de transformación agroalimentaria, la zona de Astorga sufre la parálisis de la iniciativa emprendedora, pero también la precaución con la que actúan los emprendedores de la agroindustria, que debe ser uno de los principales motores del despegue económico de la comarca.

También la agroindustria ha sido en los últimos años el sector que más ha crecido y se ha modernizado en la zona de La Bañeza, de manera más importante la especializada en el tradicional negocio de la transformación y envasado de legumbres.

Con una actividad todavía fuertemente anclada en la producción rural, los grupos empresariales abogan por el asociacionismo y la cooperación para buscar fórmulas con las que dotar de valor añadido a una producción que podría tener mucho más recorrido.

Pocas alternativas económicas tienen las zonas del norte de la provincia que durante más de un siglo han vivido de lo que hoy se ha dado en llamar el «monocultivo del carbón». Cuando la minería parece que está abocada prácticamente a la desaparición, décadas de inversión en pretendidas alternativas sólo han dejado abandono y falta de expectativas en comarcas que, con el fin del carbón parecen abocadas también a la extinción.

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Hay sin embargo otras zonas que no son ajenas a las apreturas económicas y el parón general provocado por la crisis, pero han sabido o han podido poner en marcha mecanismos suficientes como para atraer y arraigar actividad industrial y empresarial con cierta boyantía. Ahí está el caso de Valencia de Don Juan, con un polígono industrial e iniciativas que son todo un llamamiento a la esperanza.