La conferencia de San Sebastián hace suya la tesis aberzale por el fin de ETA
Los mediadores piden su disolución, pero reclaman al Gobierno que dialogue.
Jonathan Powell, Gerry Adams, Bertie Ahern, Annan, Gro Harlem Bruntland y Pierre Joxe, tras participar en la conferencia.
El Acuerdo de Gernika, pero leído en inglés. La conferencia internacional de San Sebastián sobre el final de ETA se convirtió en un altavoz exclusivamente de la misma izquierda abertale y de sus exigencias para terminar con la violencia. La declaración final del cónclave en el Palacio de Aiete recoge todas y cada una de las condiciones del Acuerdo de Gernika, firmado en septiembre del 2010 y en el que el mundo radical independentista fijó su propia ‘hoja de ruta’ para la desaparición de ETA; intermediación internacional, reconocimiento de las víctimas de ambos bandos como si de una guerra se tratara —el texto usa la expresión «confrontación armada»—, exigencia al Gobierno para que dialogue con los terroristas sobre presos e, incluso, la convocatoria de referéndum sobre la autodeterminación del País Vasco.
La coincidencia con las exigencias del mundo radical vasco es tal que, según fuentes de la antigua Batasuna, hoy la izquierda aberzale anunciará en una pomposa comparecencia en la capital donostiarra que suscribe punto por punto las conclusiones de Aiete.
La cumbre abrió de par en par las puertas a que ETA emita en breve un comunicado en el que anuncie pasos importantes hacia el desarme, dado que ahora también los mediadores internacionales, cuya intervención reclamaba insistentemente desde hace años, piden en sus conclusiones que haga «una declaración pública de cese definitivo de la actividad armada».
Las caras de indisimulada satisfacción de los representantes de la izquierda aberzale y Bildu, entre ellos Rufi Etxeberria, Oskar Matute y Peio Urizar, contrastaban con las de los representantes en la conferencia del PNV, Iñigo Urkullu, y del PSE, Jesús Egiguren y Carlos Tororika. Nacionalistas y socialistas fueron escuchados unos minutos por los más de medio centenar de intervinientes, la gran mayoría miembros del independentismo radical, pero en las conclusiones no se recogieron sus principales aportaciones.
En lugar de las reclamaciones de los representantes de los dos partidos más votados en Euskadi, la declaración que leyó en inglés el exprimer ministro irlandés Bertie Ahern a las puertas del palacio donostiarra fue un ejercicio de equidistancia entre dos supuestos bandos enfrentados en una guerra que dura más de cincuenta años. Ni un atisbo de crítica a los terroristas.