CONGRESO DE LOS SOCIALISTAS
Zapatero pide a sus compañeros que sobre todo preserven la unidad del PSOE
El líder socialista defiende su legado e insta a los camaradas a colaborar con Rajoy frente a la crisis.
El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, durante la exposición de su informe de gestión en el transcuro del congreso de Sevilla.
«Aquí termina mi tiempo. Confío en que sabréis hacer bien las cosas. Adiós». Ese fue el mensaje de despedida de un José Luis Rodríguez Zapatero emocionado, con los ojos enrojecidos, pero que aguantó las lágrimas mientras el plenario del 38 Congreso Federal del PSOE de pie tributaba una cerrada ovación a su hasta hoy líder. En su discurso del adiós hizo una férrea defensa de su gestión gubernamental, resaltó los logros alcanzados, pero sobre todo exigió una cosa a sus compañeros, preservar la unidad del partido por encima de todo.
La larga intervención de Zapatero, casi una hora, alternó los momentos tediosos, los más, con los mensajes emotivos, los menos. Fue una mezcla de informe de gestión del secretario general de un partido que se va con un resumen de casi ocho años de gobierno ante un auditorio que había asimilado hace mucho tiempo la marcha de su líder. No fue como en 1997, cuando Felipe González dejó a los socialistas con la boca abierta y las lágrimas en el rostro al anunciar por sorpresa su renuncia en otro congreso federal. Joaquín Almunia ni se despidió, dimitió la noche de la derrota electoral de 2000.
Zapatero no fue ajeno a los intensos movimientos subterráneos de las dos candidaturas en las últimas horas, con una caza a la desesperada del delegado y con maniobras de dudosa ética. Por eso hizo un encendido llamamiento a la unidad del partido después del congreso. Recordó que ha tenido «el apoyo más grande que ha tenido ningún secretario general» del PSOE y «qué bien se trabaja así».
Sobre la crisis hizo un atisbo de autocrítica por «la tardanza» en admitir su existencia, pero rechazó las críticas por «imprevisión» en la toma de decisiones. «Trabajamos –afirmó con tono rotundo- dando respuesta en cada momento a la circunstancia que se producía». Y el resultado, subrayó, es que España, a diferencia de otros países, no fue intervenida. Ese, prosiguió, era el objetivo del drástico ajuste del gasto de mayo de 2010; ese y «mantener al máximo la cohesión social», precisó.
Zapatero animó a los socialistas a predicar con el ejemplo y porque, si en la última legislatura reprocharon a la oposición su falta de sentido de Estado y colaboración para hacer frente a la crisis juntos, ahora deben aplicarse el cuento. «El PSOE no tiene como objetivo derrotar al PP sino a la crisis», y si para ello es necesario cerrar filas con el Ejecutivo, habrá que hacerlo.
Actitud ante la derrota electoral. El aún secretario general de los socialistas subrayó otras diferencias con los populares, como la actitud ante la derrota electoral. «Ganó el PP, lo hemos asumido, y a diferencia de otros nosotros no vamos a buscar culpables fuera», en clara referencia a la actitud de los populares tras su derrota el 14 de marzo de 2004, cuando achacaron su derrota a los atentados acaecidos el 11 de marzo.
Si evitar la intervención de España fue, según su balance, uno de los grandes logros, otro no menor fue el anuncio del 20 de octubre pasado del fin de la violencia de ETA. En la tarea de alcanzar el fin del terrorismo, rememoró, se implicó a fondo y quiso aprovechar su despedida para «agradecer a todos los que han trabajado en esta tarea».