ETA pide sentarse a negociar con España y Francia sin entregar las armas

El Gobierno exige la «disolución incondicional» de la banda terrorista.

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, durante su intervención ayer en el Congreso.

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melchor sáiz-pardo | madrid
León

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ETA reclama atención ante la indiferencia de los gobiernos de Mariano Rajoy y François Hollande por sus movimientos y a la apatía de la comunidad internacional. La organización terrorista, siete meses después de declarar su alto el fuego definitivo, cree que ya ha llegado el momento y pide sentarse a negociar «directamente» con los Gobiernos de España y Francia, en una suerte de mesa de paz entre pares, que el Ejecutivo, con el apoyo de París, se apresuró a rechazar de plano. ETA reclama «diálogo» sin intermediadores con los dos países sin hacer mención alguna a su disolución o a la entrega de sus arsenales que, según insistió ayer Interior, todavía mantiene operativos.

Un día después de que el socialista Hollande tomara posesión, la organización terrorista trató de dar un golpe de efecto internacional, haciendo pública, tras semanas de silencio, una nueva declaración, remitida primero a la agencia France Press y minutos después distribuida por el diario Gara .

ETA anuncia formalmente que ha «nombrado» una «delegación para abordar el diálogo directo» con la Moncloa y el Eliseo. El comunicado, facilitado en castellano, euskera, inglés y francés y fechado en abril, apenas da más datos. Tampoco desvela quiénes son los elegidos por la organización para sentarse en esa hipotética reunión, aunque los servicios antiterroristas galos y españoles dan por hecho que en esa comisión estaría alguno o todos los miembro del triunvirato que todavía dirige la organización, David Pla, Iratxe Sorzabal e Izaskun Lesaka. Los mismos cabecillas que el 20 de octubre de 2011 aparecieron encapuchados en el vídeo remitido a la BBC y que anunciaba el abandono definitivo de la violencia.

ETA, que no fija fechas o calendarios, no obstante mete prisa y aspira a marcar los ritmos. Insta a los equipos de Rajoy y Hollande a «responder positivamente» y «sin más demora» a la oferta de los terroristas para sentarse a la mesa. Y hace una advertencia, con cierto tono de amenaza: «Demorar la solución no es beneficioso para nadie y, además de alargar el sufrimiento, puede generar situaciones de bloqueo perjudiciales».

Pero el llamamiento internacional cayó en saco roto, fuera y dentro de las fronteras españolas. La Comisión Europea ignoró, como es su costumbre, el comunicado y rechazó hacer comentario alguno por entender que es una materia que corresponde de manera exclusiva a las autoridades españolas. Desde Francia, país destinatario de otro comunicado difundido el 10 de marzo, también dejaron en manos de España su respuesta, tras remarcar su «solidaridad» con el Gobierno de Rajoy.

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Y el Ejecutivo español volvió a dejar claro que considera papel mojado la ‘hoja de ruta’ de la conferencia internacional de San Sebastián de octubre pasado, que dio pie al alto el fuego definitivo y que ETA invoca, una vez más en su comunicado, para pedir ese diálogo directo con los gobernantes de ambos países. La réplica fue inmediata y tajante: «El Gobierno no va a negociar nunca con una banda terrorista». «Para entregar las armas no hace falta el diálogo, solo voluntad para entregarlas», dijo el titular de Interior, Jorge Fernández Díaz, en el Congreso, donde insistió en que ETA no va a condicionar los pasos del Gobierno ni tampoco «nuestras vidas». El ministro, que dejó claro que el Ejecutivo no necesita «verificadores», insistió en que la «única comunicación» que espera de la banda es su «disolución incondicional», que implica no solo el cese de su actividad sino que deje de existir definitivamente y que desmantele su organización.