Los párrocos de Fabero-Sil a Rajoy: «No hay peor sordo que el que no quiere oír»

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m. rabanillo | león
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«La minería no se muere, como algunos dicen, sino que la matan». Así se expresan los párrocos de la cuenca Fabero-Sil en una carta abierta «y enfadada» a Rajoy una misiva en la que consdieran «lamentable» la actitud del Ejecutivo en el conflicto. Los párrocos Manuel Álvarez, de Toreno, Jesús Villar, de Matarrosa, y Manuel Sierra, de Fabero, subrayan que «no hay peor sordo que el que no quiere oir y parece que ese sordo interesado, o más bien desinteresado, es su propio gobierno».

Los religiosos consideran «impresionante» el encierro de los mineros en el pozo de Santa Cruz, que califican de «un grito sordo que, al caro precio de arriesgar la salud y la vida misma, se oye en toda nuestra geografía» y añaden que los protagonistas de las movilizaciones «no son pendencieros con ganas de gresca sino gente que se encuentra abocada a la miseria y a la desesperación». En este sentido, matizan que estuvieron presentes en la gran manifestación de Madrid «¡y no vimos lo mismo que cuenta la señora Cifuentes!... claro, que ella no estaba».

Acusan al ministerio de Industria de «falta de sensibilidad» y de «incapacidad», un defecto que también atribuyen a su titular, José Manuel Soria, al tiempo que recomiendan a Rajoy que haga «poner en hora peninsular el reloj de ese colaborador que se ha escogido». «Como comprenderá no nos importan que venga de las islas, lo que nos irrita es que crea que nosotros estamos en la estratosfera», aseguran, a la vez que le animan a buscar en su gabinete «personas cabales que tengan capacidad para asesorarlo» sobre el manejo de los presupuestos.

En una defensa encendida del carbón, los párrocos aseguran que la minería es competitiva y «crea empleo, riqueza y capacidad de sobrevivir para las comarcas mineras». Por ello, le piden a Rajoy que asuma la gestión del conflicto y le solicitan que rectifique «que está a tiempo», porque «no le piden el oro y el moro, sino únicamente ‘ir tirando’». «Todo el sector minero es muy consciente de las dificultades por las que pasa España y nadie se siente dispensado de arrimar el hombro», aseguran, a la vez que remarcan que «no se lo pedimos nosotros, lo piden nuestros alcaldes que, en este caso, son ‘sus’ alcaldes».

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Para concluir, subrayan que «no nos mueve para escribir ningún interés partidista, simplemente el bien común» e incluso «su propio bien personal» y añaden en tono jocoso, «imagínese que la ‘niña’ a la que usted mismo dio a luz le sale un novio banquero: entonces todos felices. Pero como, para su fatalidad, le salga rebelde y se eche un novio minero, ya tiene usted el lío en casa. ¡Sea previsor!».