DEBATE INDEPENDENTISTA | LA VISIÓN DE LAS FORMACIONES POLÍTICAS
Rajoy califica de «disparate colosal» las reivindicaciones secesionistas
El presidente del Gobierno entiende que esta idea socava la lucha para superar la crisis .
El presidente Mariano Rajoy.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, entró ayer en la campaña electoral vasca con un acto celebrado en San Sebastián donde calificó de «disparate colosal» las reivindicaciones independentistas en España, que son -señaló- «un torpedo» contra el futuro del bienestar de los españoles.
En un acto con el candidato popular a lendakari, Antonio Basagoiti, y la cabeza de lista del PP guipuzcoano, Arantza Quiroga, Rajoy dijo que las reivindicaciones independentistas son un «torpedo contra la línea de flotación del futuro del bienestar de los ciudadanos» y, frente a ellas, presentó a su partido como garantía de «estabilidad».
Afirmó que «proponer hoy separaciones y quedarse fuera de todo, de España y de Europa, en la nada, no es ni siquiera una opción ideológica, es un disparate de colosales proporciones y va como un torpedo contra la línea de flotación de lo que hay que hacer para superar la crisis».
El jefe del Gobierno dijo que no se puede «ir en contra de los tiempos» y «volver hacia atrás», porque «las fronteras tienen los días contados y hay algunos que no se han enterado» por lo que demuestran con sus propuestas soberanistas.
Mala imagen
La habitual resaca deportiva posterior a todo Barcelona-Real Madrid ha quedado orillada este año por el debate soberanista. Al Gobierno no le gustó la exhibición de símbolos y lemas independentistas que la afición del Barça llevó a cabo durante un partido de fútbol que ven por televisión unos 400 millones de personas en todo el mundo. ¿El motivo? «Perjudica a la imagen de España», según recalcó ayer el ministro José Manuel García-Margallo.
Un temor que el titular de Asuntos Exteriores justifica con el argumento de que un país que transmite una sensación de «desunión» en vez de una de «esfuerzo compartido» parte con desventaja en un escenario donde todos los estados del mundo «compiten por los escasos capitales» que están en circulación.
Su compañero de Ejecutivo Alberto Ruiz-Gallardón se centró más en el fondo de la cuestión que en las formas. Y lo hizo desde Barcelona, donde recalcó que «Ni España es el problema ni la independencia la solución».
Vaticinó consecuencias apocalípticas si Cataluña se independiza. Por un lado, el hipotético nuevo estado quedaría relegado a una posición incierta fuera la de Unión Europea, lo que a su juicio supondría un retroceso económico irrecuperable en muchas generaciones. A nuestro país, según Gallardón, tampoco le iría mejor porque se vería abocado a salir de la zona euro, «porque España no se entiende sin Cataluña», agregó.
Lagarterana
En un tono más llano que institucional, el presidente de Extremadura, José Antonio Monago, ironizó sobre el referéndum soberanista que Artur Mas ha prometido convocar en la próxima legislatura. «Jurídicamente no tiene ninguna validez; es como si yo hago un referéndum en Extremadura para decir que el uniforme oficial va a ser el de lagarterana. Yo no tengo título para hacer eso, no tiene ningún sentido», destacó.
Frente a la rotundidad del Gobierno, el PP intentó rebajar la relevancia de lo vivido en el Camp Nou. «Algunos quisieron convertir el clásico en una fiesta independentista y hubo quienes gritaron y otros muchos que no gritaron», destacó Carlos Floriano, secretario de Organización del partido.