Negocios de toda la vida que cerraron y otros que vuelven a abrir
La N-630, que pone nombre y apellido a la carretera de Gijón a Sevilla, ha marcado el devenir de la Montaña Central. A la floreciente minería, con la Vasco como emblema de Gordón, se unió el tránsito natural de muchos asturianos hacia la Meseta, y más en los buenos años de Hunosa y la siderurgia.
La carretera nacional se llenó de negocios; algunos de los cuáles han ido cerrando, aunque no todos por la misma causa. Es el caso del Lubal de Vega de Gordón, La Hornaguera de Ciñera... Otros han ido cambiando de dueño y a duras penas se han mantenido en los peores años de la carretera, cuando más gente iba por la autopista.
Y algunos han vuelto, como Casa Quico, en Arbas. Todo un emblema camino de Pajares. Ubicado en el antiguo Hospital de Peregrinos, su historia atesora efemérides como la comida que se sirvió a Alfonso XIII cuando se inauguró el túnel de la Perruca o al Nobel Severo Ochoa, en uno de sus viajes a su Asturias natal. Quico ha abierto no sólo para bien de sus clientes; también ha dado de nuevo vida a Arbas.
Busdongo, frontera ferroviaria, sigue manteniendo sus bares de toda la vida y de nuevo, gracias a la nueva vida de la carretera, se ven camiones aparcados, como en Villamanín, donde nunca han faltado en Ezequiel.
Todos ellos fueron, y son, parte del paisaje de carretera con un nexo común: en todos los bares se comía bien.