LOS DOS HOMBRES QUE DEFIENDEN A LA INFANTA
Un defensor de Estado
Miquel Roca ayer, a las puertas de su despacho profesional en Barcelona.
Miquel Roca es uno de los escasos políticos que no están en activo a los que el Rey escucha. Hablan por teléfono y cuando el abogado barcelonés está en Madrid no es raro que acuda con discreción al palacio de la Zarzuela
Don Juan Carlos conoce al que fuera uno de los siete ponentes de la Constitución desde hace 35 años y siempre han estado en contacto. No es una sorpresa, por tanto, que el jefe del Estado pensará de inmediato en él para la defensa de su hija.
La elección demuestra a las claras la máxima importancia que otorga el jefe del Estado al asunto. Ningún abogado en España reúne las condiciones de tener gran prestigio en la profesión, una trayectoria política reconocida por amigos y adversarios, goza de la confianza real y, por si fuera poco, tiene el aura de ser uno de los padres de la Constitución.
Roca, como es obvio, no va a llevar la defensa ante el juzgado, tarea que recaerá en los socios penalistas de su despacho. Pero su presencia en la estrategia de defensa evidencia que el Rey se ha tomado la imputación de la infanta Cristina como un asunto de Estado por las consecuencias que puede suponer para la Corona. Y para deshacer el entuerto qué mejor que un hombre de Estado.
Su bufete se ha convertido en apenas dos décadas en un gigante en derecho civil, que ha traspasado fronteras especializado sobre todo en el derecho en el mundo de los negocios.
La defensa de la infanta Cristina la ejercerá Miquel Roca junto con Jesús Silva, uno de los letrados especializados en derecho penal más reconocidos en España, que desde hace meses colabora a través de su despacho, Molins y Silva, con el de Roca, a quien proporciona asesoramiento penal.
El papel de Roca es el de hombre de Estado que sirve de puente a la Generalitat y CiU con el Rey, una labor que ha desembocado en la defensa de la infanta.