Los ministros llegan al ecuador de la legislatura debilitados tras los ajustes
El presidente hará su primera crisis antes de las elecciones europeas de 2014.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
Los ministros de Mariano Rajoy llegan al ecuador de la legislatura con el piloto de la reserva encendido. Los mayores ajustes presupuestarios de la democracia, la aprobación de reformas tan controvertidas como la laboral o la de las pensiones y una subida de impuestos inesperada han provocado que los componentes del Consejo de Ministros cosechen un notorio rechazo ciudadano. Algunos de ellos, como José Ignacio Wert y Ana Mato, no alcanza ni siquiera el dos de valoración en la escala del uno al diez del CIS.
Pese a esta debacle, Mariano Rajoy mantiene su confianza en los nueve hombres y cuatro mujeres que nombró hace justo dos años, el 22 diciembre de 2011. Califica su trabajo de «excelente», sobre todo porque lo han llevado a cabo en medio de un intenso fuego cruzado. Por un lado, la espada de Damocles del rescate planeando sobre la economía española y, por el otro, el repudio de la ciudadanía ante los tijeretazos que han mermado su poder adquisitivo.
Rajoy, en su fuero interno, desearía convertirse en el primer presidente del Gobierno de España que acaba su mandato sin tocar su Gabinete. De hecho, la larga trayectoria política del jefe del Ejecutivo muestra las dificultades que ha tenido siempre a la hora de introducir cambios en sus equipos en los distintos ámbitos de responsabilidad que ha tenido. Mantener a sus colaboradores, además de una muestra de lealtad hacia los suyos, también evidencia las reservas del líder del PP ante lo que denomina «líos» internos.
Guión
Curiosamente, el guión que seguirá Rajoy se asemeja mucho al que llevó a cabo en su día José María Aznar que, en su primer mandato, tardó dos años y ocho meses en hacer su primera crisis, obligada por la marcha de Loyola de Palacio, entonces ministra de Agricultura, a la Unión Europea.
El actual inquilino de la Moncloa también puede mandar al titular de esa misma cartera, Miguel Arias Cañete, a la Comisión Europea, lo que obligaría a una remodelación en febrero del año que viene. Varios ministros de Rajoy han expresado en privado su intención de dejar sus cargos, aunque el presidente del Gobierno ha negado en público en varias ocasiones que alguno le hubiera pedido su relevo.
El respaldo de su jefe de filas, que considera que sería una crueldad dejarlos en la cuneta ahora que los indicadores macroeconómicos comienzan a repuntar y, a su juicio, se ve el final del túnel, no se corresponde con la valoración ciudadana de su gestión. Todos suspenden con creces. Además de los dos que obtienen notas por debajo de los dos puntos sobre diez, José Ignacio Wert, 1,46, y Ana Mato, 1,99, el resto se sitúa por debajo de los tres puntos salvo Arias Cañete, que apenas supera ese pírrico listón por media décima de punto.
Las críticas se reparten casi por igual entre los ministros del área económica, los denominados políticos y los que gestionan asuntos sociales. La reforma laboral que impulsó Báñez, que abarata el despido y apuesta por bajadas de sueldo sin techo para evitar despidos, la subida del IRPF auspiciada por Montoro, en contra del programa electoral del PP, y el tijeretazo presupuestario que aprobó el Ejecutivo de manera trasversal en todos los ministerios, y que afectó, pese a la promesa de Rajoy, a educación, sanidad y pensiones, provocó un hecho insólito, la convocatoria de dos huelgas generales en un año y una marea de protestas sectoriales, sobre todo promovida por los colectivos de educación y enseñanza. Un malestar que ha menguado en la calle, pero no en las encuestas que detectan una continua fuga de votos populares, aunque la tendencia se frenó algo en octubre.
Al primer golpe, le siguieron meses de tijeretazos y de otras alzas impositivas, como la del IVA, y conceptos desconocidos hasta ahora en nuestro país, como el copago farmacéutico. La incontinencia verbal de ministros, como José Manuel García Margallo o Wert, también provocaron fuertes dolores de cabeza a Rajoy. El titular de Exteriores subió la tensión, ya exacerbada, entre Madrid y Londres al asegurar el pasado verano que «con Gibraltar se ha acabado el recreo». A la hoguera del pulso soberanista de Cataluña no le hace falta que nadie le eche más leña, pero el ministro de Educación dio argumentos a los radicales al aseverar en el Congreso que uno de los objetivos de la nueva ley educativa era «españolizar a los alumnos catalanes».