Sánchez desahucia a Gómez y cambia las cerraduras de la sede del PSM
Hasta que no se conozca el candidato de Madrid «nos seguiremos revolcando en el barro».
El ex secretario general del PSM, Tomás Gómez, ha recibido el apoyo de sus seguidores.
El PSOE tiene por delante, al menos, otros quince días de vodevil. Es el tiempo que se tardará en poner sobre la mesa el nombre del próximo candidato a la presidencia de la comunidad que, presumiblemente, aunque aún está por cerrar, será el ex ministro de Educación Ángel Gabilondo. «Hasta entonces -admite un dirigente nacional del partido- seguiremos revolcándonos en el barro y dando esta imagen espantosa». Aún así, algo ya está claro. La dirección federal va muy en serio y Tomás Gómez no podrá volver a entrar en su despacho.
Ni veinticuatro horas tardó el secretario de Organización socialista, César Luena, en encargar al gerente del partido y ahora también administrador de los bienes y recursos del PSM, Gregorio Martínez, que se ocupara de todo. Y este, un veterano del partido y antiguo jefe de gabinete de Alfredo Pérez Rubalcaba, no lo dudó: mientras Gómez se paseaba por los platós de televisión bramando contra Pedro Sánchez, un operario cambiaba la cerradura de su despacho y un equipo de Ferraz enviaba a los trabajadores a casa y tomaba posesión de las oficinas del PSM, en su sede de la plaza de Callao.
La fórmula, terriblemente expeditiva, tiene una explicación. Gómez dejó claro el miércoles que no acataría una decisión que considera antirreglamentaria y, dado su carácter combativo, en la dirección del PSOE temían que optara por encerrarse en la sede y convertirla en su fortaleza. «Iba a ser el Maidán socialista», dicen en el partido. El caso es que el secretario regional se enteró de todo mientras era entrevistado por la Sexta y casi al mismo tiempo en que comparecía en Ferraz la comisión gestora presidida por el ex líder del partido en Madrid Rafael Simancas, que lanzó otro mensaje contundente: «Sólo hay una dirección del PSM y está aquí».
Todo en las formas empleadas por Sánchez habla de un puño de hierro. La propia composición de la gestora es un indicativo de que está preparado, si es necesario, para una guerra sin cuartel porque no hay en ella ni un tomasista. Ni siquiera un perfil ambiguo. «¿Qué criterio se ha seguido para nombrarles a ustedes?» le preguntaron a Simancas. «Los de la dirección federal», respondió él.
La gestora, que tiene un mandato inicial de seis meses -es decir, estará al frente de la federación durante las primarias de julio para elegir al candidato a la presidencia del Gobierno y quizá se encargue incluso de preparar la campaña para las generales- tiene por delante una buena pelea. La primera, para nombrar al cabeza de cartel a los comicios autonómicos del 24 de mayo.
Con el aspirante a la alcaldía, Antonio Miguel Carmona, no hay problema a pesar de que ha permanecido al lado del, hasta el miércoles, secretario regional.