Rajoy pide otro mandato al frente del Gobierno para consolidar la recuperación
El PNV solicita sin éxito una «segunda transición» que reconozca la «plurinacionalidad» del Estado. La oposición, salvo UPN, acusa al presidente del Gobierno de mentir al hablar del final de la crisis .
La bancada del PP aplaude a Mariano Rajoy una vez que concluyó el Debate del estado de la Nación.
Mariano Rajoy puso ayer fin a once horas de Debate del estado de la Nación con la petición a los españoles de que ignoren la imagen catastrófica de la España actual que ha querido transmitir toda la oposición, por ser falsa, y que le den la confianza para dirigir el Gobierno durante otros cuatro años, porque está convencido de que sólo las políticas del PP pueden consolidar la recién iniciada recuperación económica y devolver al país a cifras cercanas al pleno empleo.
La oferta que el presidente del Gobierno hizo desde la tribuna, como colofón al debate y en pleno año electoral, cerró una mañana en la que, como ocurrió el día anterior, hasta el último partido opositor acusó a Rajoy de mentir al anunciar el final de la crisis, de hablar de un país irreal y le responsabilizó de conducir a España con sus reformas, recortes, subidas de impuestos y políticas de austeridad a ultranza a unos niveles de desigualdad social, precariedad laboral y pobreza desconocidos desde años. Si el martes se lo escuchó a PSOE, IU e UPyD ayer se lo repitieron los portavoces del PNV, Amaiur, Esquerra, BNG, Coalición Canaria, Compromís, Foro Asturias y Geroabai. Solo encontró comprensión y apoyo en su socio electoral, Unión del Pueblo Navarro (UPN).
Rajoy recogió sus apuntes y comenzó a abandonar la tribuna, sobre la una y media de la tarde, después de lanzar su precampaña electoral con la frase: «Vamos levantando cabeza. Si hacemos las cosas con sentido común, España tendrá más futuro que pasado, que no es poco». Fue la guinda a la afirmación de que España, después de que su Gobierno tomase duras medidas para levantar un país que el PSOE había dejado en bancarrota, «comienza a ir bien», con el inicio de la recuperación y la creación de empleo, y «abre una esperanza que hace años parecía imposible».
El presidente no solo rechazó la «autocomplacencia» que denuncia la oposición sino dijo ser «realista», porque el aumento del consumo interno, de la inversión y el hecho de que en 2015 la cifra de crecimiento económico incluso pueda ser superior a la previsión del 2,4% permite «hablar con optimismo».
En contra del país empobrecido y la sociedad rota que dibujaron los demás, reivindicó a España como «un país importante, un gran país», con «una democracia avanzada», con una «gran Constitución» y con un estado de bienestar «como nadie».
Volvió a prometer la creación de tres millones de empleos hasta 2019, anunció que la deuda pública -de casi el 100% del PIB- comenzará a reducirse en 2017 e, incluso, que ve realista poder mejorar en la próxima legislatura la sanidad, la educación y las pensiones.
«Se puede hacer», aseguró, pero con sus «políticas sensatas». Todo estará en riesgo, sin embargo, la recuperación y las promesas, si quien llega a La Moncloa es el PSOE y, sobre todo, si triunfan las «ensoñaciones ideológicas» de Ciudadanos o Podemos.
El segundo día de debate reavivó de nuevo las críticas generalizadas a Rajoy, a quien Amaiur acusó de gobernar solo para banqueros y el Ibex, BNG de «insultar a la mayoría social» y Esquerra comparó su descripción de España con Camelot o Shangri-La. Todos recordaron su implicación y la del PP en la corrupción, le pidieron una comisión de investigación como la catalana y Aitor Esteban (PNV) le dijo que solo aplacará la indignación ciudadana con dimisiones.
Las tensiones territoriales fueron el otro gran punto de discusión. Esteban pidió «una segunda transición» para cerrar un pacto político que reconozca la «plurinacionalidad» del Estado y el derecho a decidir de sus integrantes, como fórmula para evitar disgregaciones de España. Le avisó de que si sigue mirando para otra lado, como con Cataluña, corre el peligro de que el problema «se enquiste» y que cuando se quiera buscar una solución no traumática «ya sea demasiado tarde para cualquier arreglo». Rajoy se limitó a ensalzar la autonomía vasca como «la mayor del mundo», descartó reformas constitucionales y garantizó la unidad de España.
La postura del BNG y Geroabai fue similar al PNV, pero Esquerra y Amaiur no ven posibilidad alguna para la negociación incluyente y solo apuestan por la ruptura independentista. El asunto que el presidente dejó también claro a PNV y Amaiur es que no piensa cambiar la política penitenciaria.