Rajoy acepta el mandato y será reelegido el sábado tras más de 300 días sin Gobierno
El presidente de la gestora modera el tono y rechaza hablar de sanciones a los rebeldes. El presidente promete «el doble de esfuerzo» para pactar materias controvertidas y lograr una legislatura duradera.
El presidente en funciones, Mariano Rajoy, avanza algunos de los detalles tras la reunión con el rey. JAVIER LIZÓN
n. vega/ p. de las heras | madrid
Han tenido que transcurrir nueve meses para que la realidad se ajuste a las expectativas de Mariano Rajoy. El mismo candidato del PP que el 22 de enero declinó el encargo del rey de someterse a una investidura imposible, aceptaba ayer ante el monarca solicitar la confianza del Congreso «sin más demora y sin ningún tipo de recelo». Esta vez sí, las «circunstancias» encajan con los planes del presidente, que gracias a la abstención del PSOE tendrá la oportunidad el próximo sábado de ser reelegido y construir el Gobierno «duradero y estable» que prometió este martes desde el palacio de la Moncloa.
«Mi voluntad y lo que voy a intentar es que la legislatura dure cuatro años». Pero no lo tendrá fácil. Pese a representar a la primera fuerza política del país, los exiguos 137 diputados con los que cuenta el PP en una Cámara baja fragmentada no garantizan la gobernabilidad del país. «He hablado con el señor Javier Fernández, pero no hay acuerdo entre PP y PSOE, hay una decisión del PSOE de abstenerse y favorecer que España tenga un Gobierno, y a partir de ahí yo tengo la obligación de intentar gobernar y buscar el mayor número de apoyos posibles», reconoció el presidente, que se topará con su primer examen en la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado.
En su entorno están dispuestos a hacer de la necesidad virtud. «Ni los apoyos de la investidura tiene por qué repetirse para sacar adelante los Presupuestos, ni los votos en contra de la elección de Rajoy tienen por qué mantenerse a lo largo de la legislatura», reflexionan en el Gobierno.
La legislatura se convertirá, así, en un toma y daca entre las fuerzas políticas, y Rajoy empieza a analizar ya las materias en las que podrá ceder en pos de los acuerdos. El presidente concretó en su comparecencia en la Moncloa tras abandonar la Zarzuela, algunas de las «cosas buenas» que, a su juicio, contiene la resolución aprobada por el PSOE el pasado domingo. En materia de pensiones, educación y financiación autonómica, el jefe del Ejecutivo ve terreno por explorar.
Son asuntos que él había planteado o bien como prioritarios, es el caso de la convocatoria del Pacto de Toledo y la reforma de la financiación de las comunidades, o bien como susceptibles de ser revisados. Así, recuerda que, en cuanto a la polémica Lomce, ya anticipó el 30 de agosto, en su primer intento de ser investido, su disposición a alcanzar un pacto global.
En La Moncloa contemplan que se ponga en marcha una ponencia parlamentaria en la que pueda abordarse la modificación de la Carta Magna y derivar en cambios de mayor o menor calado. «Estoy dispuesto a incidir en los temas que nos unen y a aparcar los temas que nos separan, o hacer el doble esfuerzo para que dejen de separarnos», llegó a declarar Rajoy, que promete reservarse para sus conversaciones con los grupos parlamentarios. Ese será el ‘leit motiv’ de su discurso de investidura. A las seis de la tarde de este miércoles, el candidato del PP subirá a la tribuna de oradores del Congreso con un programa de Gobierno que, según sus palabras, no diferirá en mucho de aquel con el que se presentó el pasado mes de agosto.
En esta ocasión, sin embargo, cobrará fuerza el ofrecimiento de diálogo y los llamamientos a «la responsabilidad y el compromiso». Como declaración de intenciones, Rajoy asumirá hoy, en la primera jornada del debate de investidura, las 150 medidas firmadas con Ciudadanos y tenderá la mano al PSOE. Es el momento de la política de gestos. Así que a partir del sábado, cuando su elección se consume en la segunda votación, el presidente lanzará el siguiente mensaje en forma de nuevo Gabinete gubernamental. En el PP intuyen que su jefe de filas apostará por ministros con un perfil dialogante y negociador.
«Me temo que no ha encontrado titular», bromeó Rajoy con un informador que preguntaba por su futuro equipo ministerial mientras desde la primera fila la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, se tapaba la boca para sonreír, sentada junto la secretaria general del PP, su eterna competidora y ahora ministrable María Dolores de Cospedal.