Los candidatos del PSOE buscan votos en los feudos de sus rivales

Díaz recurre al orgullo de partido, Sánchez arremete contra la andaluza y López alerta sobre la división.

López saluda a sus simpatizantes en un acto en Zaragoza. J. CEBOLLADA

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León

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ramón gorriarán | madrid

A una semana de las votaciones en las primarias socIalistas, los tres candidatos no se salieron ayer ni un ápice de sus guiones en sus respectivos actos de campaña. Susana Díaz apeló al corazón de los militantes y al orgullo de formar parte de «un gran partido. Pedro Sánchez recordó una vez más su dimisión y exigió, con la mirada puesta en la presidenta de Andalucía, que el que sea líder del partido no tenga más cargos. Patxi López ejerció su papel de hombre bueno y subrayó que la división que se barrunta será «el suicidio» del PSOE.

Los tres candidatos se fueron a terrenos hostiles para su candidatura en busca del voto militante. La gobernante andaluza acudió a Gijón, en Asturias ganó Sánchez; el exsecretario general se desplazó a la localidad malagueña de Cártama, Andalucía es tierra de Díaz y su gran reto para las primarias; y López viajó a Zaragoza, otra federación afín a la presidenta. Susana Díaz sabe que confirmar sus expectativas de victoria pasan por conquistar apoyos de Madrid para arriba. En todas las federaciones de la mitad septentrional ganó Sánchez, salvo en Aragón, donde venció ella, y País Vasco, el feudo de Patxi López.

Sánchez, a su vez, tiene que acortar la diferencia que sacó la presidenta en Andalucía, donde más que triplicó su recolecta de avales. El exlendakari, condenado a la tercera plaza, busca maquillar el resultado rascando votos en sus peores caladeros de apoyos, en este caso, Aragón.

A una semana de las votaciones y a 48 horas del debate a tres, la impresión coincidente en las candidaturas es que Díaz y Sánchez están igualados, y nadie es capaz de hacer una proyección de votos a partir de los avales obtenidos con argumentos desapasionados.

La presidenta de Andalucía abogó por acabar con las trifulcas. «Vamos respetarnos todos, que no haya ni un insulto ni una mala palabra», reclamó. Además de insistir en el discurso integrador, señaló que su proyecto es que el PSOE vuelva a ser un partido ganador sin dejarse «arrugar ni acomplejar por la derecha ni por los que dicen que son más de izquierdas».

Defendió que los socialistas son «la izquierda útil», pero al mismo tiempo tienen que ser «rebeldes». Para eso, dijo, hay que tener como referentes a Felipe González, Alfonso Guerra y José Luis Rodríguez, los tres avalistas de su candidatura, y dejar de «lamentarse y de mirarse el ombligo».

Sánchez hizo una enmienda a la totalidad de la gestión de la dirección interina del partido, detrás de la cual siempre ha visto la mano de Susana Díaz. Se comprometió a poner al PSOE en «el lugar que merece», que es «la izquierda», porque desde que la gestora decidió «regalar» el Gobierno a Mariano Rajoy con la abstención en la investidura, el partido «lleva nueve meses en dirección contraria».

También lanzó una andanada contra su adversaria por defender que la secretaría general del partido es compatible con ser presidente de una comunidad autónoma. «Un militante, un cargo, un sueldo», reclamó.

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El exlendakari continuó con su labor de casco azul y volvió a pedir un alto el fuego entre las candidaturas de sus rivales porque «nunca» se ha visto en el PSOE «el nivel de insultos, descalificaciones y agresividad» que se ve esta campaña. La división después de las primarias, subrayó López, sería «el suicidio» del PSOE.