El PSOE reduce sus primarias a una elección entre Díaz y Sánchez
La división interna en el partido se ha exacerbado, pero su origen se remonta a varios años atrás.
Ismael Herrero / Juan Carlos Hidalgo
P. de las Heras | Madrid
La jornada en la que los 187.949 militantes del PSOE elegirán a su secretario general, tras casi ocho meses en manos de una dirección interina, ha llegado. La de hoy es, probablemente, la votación más determinante de cuantas hacelebrado el partido. «El PSOE se juega el ser o no ser». Lo dicen los tres candidatos a liderarlo, Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López. Nunca la fractura interna había sido tal palpable. Aunque el terremoto viene de lejos.
En el último sexenio lo socialistas han pasado de estar en el Gobierno a ver amenazada su posición de partido hegemónico de la izquierda. De los más de 11 millones de votantes que lograron en 2008 (un 43,87% del voto y 169 escaños), pasaron en noviembre de 2011 a siete millones; a 5,5 millones en diciembre de 2015 y a 5,4 millones en junio de 2016. Se desangran en las grandes ciudades y tienen serias dificultades para conectar con los jóvenes.
La tensión vivida en los meses transcurridos desde que, el pasado 1 de octubre, Pedro Sánchez dimitió forzado por más de la mitad de su ejecutiva y una mayoría del Comité Federal puede llevar a pensar que lo que se resuelve hoy es una batalla que empezó cuando se perdieron las elecciones del 26 de junio y el PSOE tuvo que decidir si permitía gobernar al PP. O que se dilucida entre dos modelos de partido. El análisis retrospectivo habla fundamentalmente de lucha por el poder en el que los argumentos de unos y otros han sido de ida y vuelta.
Posiciones exacerbadas
Las posiciones se exacerban en este juego de tronos. Y Patxi López es el único que lo admitido abiertamente: «aquí no hay una confrontación ideológica».
Contra lo que ahora parece, Susana Díaz no empezó a pensar en ser secretaria general cuando vio que su hoy rival era incapaz de superar a los populares «en sus horas más bajas». Lo hizo sino mucho antes, desde que apoyó a Carme Chacón en el congreso que ganó por la mínima Alfredo Pérez Rubalcaba en febrero de 2012. Díaz decidió no presentarse al congreso extraordinario de 2014 porque acababa de llegar a la presidencia de la Junta de la mano de José Antonio Griñán sin legitimarse aún en las urnas y porque, aunque una docena de barones había salido en tromba a apoyarla, nadie le pudo garantizar que sería candidata única. En su camino se interpuso Eduardo Madina. Creyó que, si ganaba, el vasco se consolidaría en el cargo. Así que eligió como depositario de sus avales a Sánchez, que no era nadie para la inmensa mayoría del PSOE. La primera parte del plan funcionó. Sánchez ganó por goleada. C Una vez al frente del partido, el madrileño dejó claro que tomaba posesión a todos los efectos. Díaz, contrariada, comenzó a hacerle un serio marcaje y, en un intento de asentar su silla al suelo, él empezó a apelar a la designación directa de los militantes. En dos años, Sánchez tuvo la habilidad de poner a todos los poderes fácticos del partido en su contra, lo que ha dado a su principal rival, muy hábil a la hora de tejer complicidades, la baza para vender estas primarias como una pugna entre el PSOE auténtico y «otra cosa».