"¿Un jefe imputado por sedición?, esto no ha pasado en ningún cuerpo policial de Europa"
Los Mossos, con 15.000 agentes, asisten traumatizados a la convulsión del proceso independentista en el que se ha embarcado el soberanismo catalán
Máxima expectación a la puerta de la Audiencia Nacional a la llegada de Trapero.
"A partir de hoy podemos tener un jefe imputado por sedición. Eso no ha pasado en ningún cuerpo policial en la historia reciente de Europa y muestra la situación a la que hemos llegado los Mossos", afirma Miquel, un miembro de la Policía catalana que sopesa sus palabras y no oculta su temor a lo que pueda pasar en Cataluña en las próximas horas. Se declara no independentista. "Los agentes de base estamos en el medio", agrega. "Nos han traído hasta aquí los mandos políticos. Y desde el lunes estamos superados como representantes de la autoridad. Trapero nos ha neutralizado", se desahoga el policía catalán.
El mayor Josep Lluís Trapero declara en la Audiencia Nacional bajo la acusación de sedición, lo que en Cataluña dejará una situación de máxima tensión, en especial, en el Cuerpo que dirige. Los Mossos se han convertido en uno de los emblemas del independentismo por su papel pasivo -o de colaboración, según otros interlocutores- en el referéndum del 1-O. Un Cuerpo de 15.000 agentes que asiste traumatizado a la convulsión del proceso independentista en el que se ha embarcado el soberanismo catalán.
"Hace poco ya se pegaron dos agentes antidisturbios en la comisaría de Granollers por una discusión política. Aquí no había pasado eso hasta ahora, pero en estos momentos si no eres independentista te llaman unionista, lo más suave, o directamente facha. Los Mossos estamos tan fracturados como la sociedad catalana", explica Luis, otro policía catalán destinado en Mataró y que encara perplejo al terremoto que sacude al cuerpo policial.
"Pero hay que tener en cuenta que en los Mossos la cúpula es independentista. Los mandos vienen de Convergencia o de ERC, así que el sector favorable a la desconexión se siente respaldado", agrega. En su opinión, uno de los momentos que refleja esa situación de crisis interna se vivió tras el 1-O, cuando independentistas acudieron a la comisaría de Mataró y varios agentes salieron a la calle para cuadrarse ante los radicales mientras cantaban el himno oficial de Cataluña, 'Els Segadors'. Los policías, al finalizar el cántico, aplaudieron a los ciudadanos.
"Esas son las cosas que Trapero y los comisarios han fomentado. Que seamos un instrumento del folclore nacionalista y no un Cuerpo al servicio de toda la sociedad". Para Luis, haber mandado a parejas de Mossos a controlar los colegios en los que votaban cientos de personas supuso el fin del Cuerpo como representante de la autoridad. "Ofrecimos una imagen de mirar para otro lado que la pagaremos", se lamenta.
El mayor Trapero es en estos momento una especie de doctor Jekyll y mister Hyde a la catalana. Para un sector de la sociedad es el héroe del independentismo -incluso hay camisetas con su imagen-, mientras que otra parte le considera un traidor. Esa misma división se produce en los Mossos.
"Es un zorro y no sé cómo los mandos de la Policía y la Guardia Civil se fiaron de él. Deberían haberse dado cuenta de que algo pasaba cuando desde los Mossos se les pasó una lista de los colegios que no habíamos cerrado y allí estaban el de Puigdemont y el de Oriol Junqueras", afirma Luis. Según este agente, que esos dos centros de la consulta ilegal no se tocasen fue una estrategia calculada para conseguir una fotografía de las Fuerzas de Seguridad del Estado impidiendo por la fuerza la votación.
"Ese es Trapero. Un gran conspirador. Pero no nos equivoquemos, el sindicato de mandos, el Sindicat de Comandements de los Mossos d'Esquadra (Sicme), acoge al 90% de los jefes y ha salido a apoyarle sin fisuras porque saben qué es lo que quiere el Govern. Si no estuviera él, tendríamos a otro parecido", explica Miquel. Este policía catalán recuerda que existe un grupo denominado Mossos por la Independencia, que forma parte de la Asamblea Nacional Catalana, y cuyo referente, Alberto Donaire, se fotografió el 1 de octubre mientras votaba en el referéndum prohibido.
"Es un mosso y estaba cometiendo un delito. Si sucediera lo contrario, si un agente se significara con los unionistas, al instante sería desterrarlo a Viella". Viella es la última comisaría de los Mossos. Está enclavada en el Pirineo leridano, casi en la frontera con Francia. Supone el destino menos deseado, algo así como un batallón de castigo.
Los almogávares
Los agentes temen que, si la tensión no decrece, vuelva a colocárseles como ariete de las fuerzas independentistas. "Nadie lo recuerda ahora, pero el primer director general de los Mossos, Miquel Sellarés, ya defendió en un ensayo que teníamos que ser el embrión de un Ejército catalán. Era un texto alocado, en el que decía que debíamos crear una armada para patrullar el Atlántico, pero ese era el ambiente", resume Luis. El agente recuerda que hace cerca de veinte años, cuando entró en Mollet, la academia en la que se forman los agentes catalanes, lo que menos importaba era la formación policial. "Si alguien me preguntaba dónde estaba la calle Almogávares yo les podría explicar uno a uno quiénes fueron los almogávares (soldados catalanes del siglo XIV)", rememora el policía.
Entre los agentes de los Mossos se diferencia claramente entre los 'mandos payeses' y 'los de ciudad'. "Los primeros están en Lleida o Girona y son claramente nacionalistas. Tienen 'pedigree'. Trapero es de los segundos, agentes que salieron de Mollet y se dieron cuenta de que necesitan un apoyo político para subir por la escala de mando", explica Miquel. Aunque él no ha trabajado nunca con Trapero, sí que le recuerda en algunos contactos casuales que tuvieron en el pasado. "Siempre fumando Winston y con un aire muy prepotente. Ha ascendido muy rápido, así que no tiene muchos amigos en el Cuerpo", señala. Otra cosa es qué pasará a partir de su declaración hoy en la Audiencia Nacional. "Suceda lo que suceda, saldrá como un héroe".
El temor a la 'Rosa de Foc'
"La Guardia Civil y la Policía Nacional han conocido ahora el poder manipulador de los antisistema catalanes. Nosotros ya lo hemos sufrido durante años", afirma Miquel con un tono de sorna en su voz. En los Mossos no independentistas, la CUP, los sectores antisistema, son el demonio. "Nosotros hemos visto que en las redes sociales se nos acusaba de apalear a un mendigo al que ni se tocó. Claro que los guardias y los policías se pasaron de la raya el 1-O, pero ya se ha demostrado que una mujer dijo que le habían roto los dedos y luego tenía una capsulitis. A nosotros nos llevan haciendo eso desde hace años", señala.
Tanto Luis como Miquel desconfían del apoyo que la CUP está mostrando ahora a los Mossos. "Es el mismo partido que tras los atentados del 17 de agosto dijo que no nos felicitasen porque habíamos fusilado a uno de los terroristas. Lo que están haciendo ahora es puramente instrumental, porque si tienen que colocarnos en el centro de su diana volverán a hacerlo sin problemas. En el fondo nos odian".
Miquel, en este sentido, recuerda siempre que los antisistema catalanes suelen hablar en sus escritos de la 'Rosa de Foc' (Rosa de Fuego). Este era el término con el que los anarquistas conocían a Barcelona entre finales del siglo XIX y comienzos del XX por los continuos atentados e incendios que llevaban a cabo los radicales en la ciudad. "Entre los más radicales existe una fijación por esa idea de la 'Rosa de Foc', de una ciudad en llamas como símbolo de la lucha por la revolución. Algunas de sus expresiones dan miedo", concluye Miquel.