«Esa sensación de odio por ser guardias civiles no la había sentido nunca»

Las víctimas de las agresiones en Alsasua detallan el papel de cada uno de los acusados.

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León

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mateo balín | madrid

Las cuatro víctimas de las agresiones en el bar Koxka de Alsasua (Navarra) la madrugada del 15 de octubre de 2016 relataron ayer al tribunal de la Audiencia Nacional el ataque sufrido con todo lujo de detalles. Durante más de seis horas, los dos agentes y sus parejas hicieron un descripción lineal de la violencia sufrida «sin ningún motivo previo, solo por ser guardias civiles». Ratificaron la presencia de los ocho procesados en los hechos, narraron las consecuencias personales que han tenido que vivir, tanto físicas como emocionales, e hicieron un resumen gráfico del «sentimiento de rencor» que ha imperado contra ellos en este pueblo de 7.500 habitantes, a 50 kilómetros de Pamplona, tras aquel grave suceso.

«No lo olvidaré. Rajaron las ruedas del coche familiar, pusieron pancartas e hicieron una pintada en el bar de los jubilados de Alsasua, regentado por mis padres. Rezaba: ‘El pueblo no perdona’», relató ayer al tribunal María José, novia del teniente Óscar, vecina de Alsasua desde los tres años y compañera de instituto de varios de los acusados. Con una entereza llamativa, aseguró que desde la madrugada del 15 de octubre de 2016 no ha levantado cabeza.

La otra mujer agredida, Pilar, novia del sargento, admitió que aún hoy siguen siendo víctimas en Alsasua. «No salgo de casa. Parece que vivimos constantemente pidiendo perdón y dando explicaciones cuando fuimos nosotros los agredidos».

Álvaro, padre de Pilar y comandante del puesto del pueblo -ellos se han quedado mientras que María José y Óscar han cambiado de destino-, revivió las agresiones y sentenció que «esa sensación de odio y rencor que tenían contra nosotros por ser guardias civiles no la había sentido nunca».

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El teniente Óscar, de 27 años, contó cómo Jokin entró en el bar y se dirigió directamente al sargento Álvaro sin mediar palabra. «Le dijo que su abuelo también era guardia civil y entonces recibimos los primeros puñetazos. A María José le increpó una chica (menor). Nos hicieron un pasillo de salida y siguieron golpeándonos», aseguró el guardia civil, que estuvo ocho meses de baja tras reconstruirle los cirujanos el tobillo.