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León

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JORGE SÁIZ | SAN SEBASTiÁN

Muerto el perro, se acabó la rabia». La frase del entonces ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, en una entrevista a este periódico hace tres años quedó grabada en la mente de muchos presos y expresos de ETA. Daba a entender, y así lo han repetido numerosos dirigentes del PP vasco, que solo «si la organización terrorista se disolvía se podría replantear la dispersión». A esa reflexión se siguen agarrando hoy los reclusos y dirigentes de la izquierda abertzale en el nuevo tiempo abierto ayer con la confirmación de la desaparición definitiva de ETA. Un escenario que esperaban los internos, aunque el colectivo EPPK (en el que se integran los presos fieles a la doctrina de ETA) y el mundo de Sortu son conscientes de que de momento el Gobierno español no prevé cambiar su política penitenciaria. El actual ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, lo verbalizó el domingo aunque el lehendakari ha asegurado que el presidente, Mariano Rajoy, es «sensible» a la necesidad de avanzar. En principio, los presos se centrarán en continuar dando la batalla legal y la izquierda abertzale está dispuesta a seguir construyendo mayorías políticas y sociales en Euskadi contra el alejamiento, tanto en el Parlamento Vasco como extramuros de las instituciones, en iniciativas como el Foro Social Permanente. Reiteran que su reivindicación es simple: «que se aplique la legislación ordinaria», que permitiría a los reclusos poder progresar del primer al segundo grado. Aquí está el «tapón» que impide flexibilizar la situación de los internos. Sólo con esa medida, señalan las fuentes consultadas, más de la mitad de los presos en España estarían libres en pocos meses. El comunicado de ETA sobre el daño causado también lega a los presos una argumentación para responder a las exigencias judiciales de autocrítica. De hecho, los internos pueden amoldarlo como deseen y profundizar en la autocrítica y en la petición de perdón, incluso superando la diferenciación que estableció la propia organización sobre víctimas ajenas o no al «conflicto».

En todo caso, los reclusos entienden que el aumento de la reivindicación social, la consolidación del nuevo escenario sin ETA y los avances de Francia en materia de acercamientos deberían acabar llevando al PP al menos a modular posturas. En esta lucha tendrán de su mano al PNV, que tiene intención de seguir reclamando en Madrid otra política carcelaria, y no renuncia a hacer valer su influencia sobre Rajoy, aunque admite que en los temas de pacificación debe andar con pies de plomo con los populares.

La desaparición de ETA elimina del tablero alguna de las argumentaciones que los jueces utilizan para negar el paso del primer al segundo grado a los internos. La no existencia ya de la banda provoca que los reclusos ya no pertenezcan formalmente a ninguna organización terrorista.

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