El etarra Santi Potros sale de prisión tras 31 años de condena

Vuelve a Lasarte de forma discreta y las víctimas califican su excarcelación de «legal, pero injusta».

Santiago Arrospide, con una gorra blanca, al abandonar la cárcel salmantina de Topas. J. M. GARCÍA

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León

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david guadilla | bilbao

Vestido con unas bermudas verdes, camiseta de tirantes y una gorra blanca, Santiago Arrospide Saralosa, ‘Santi Potros’, abandonó ayer la cárcel de Topas (Salamanca) tras pasar 31 años en prisión y cumplir el máximo tiempo legal de condena. El que fuera inductor de alguno de los atentados más sangrientos de la banda, como el de Hipercor, 21 muertos, y República Dominicana, otros doce, fue recibido a las puertas del centro penitenciario por su pareja y otros dos allegados. Luego se trasladó a su localidad natal, Lasarte. No se le tributó ningún homenaje público, aunque sí hubo pancartas de apoyo al exdirigente etarra. Las víctimas asumieron con resignación su salida.

Arrospide Sarasola, de 70 años, obtuvo su «licenciamiento definitivo» tras pasar tres décadas en prisiones de Francia y España. En las puertas de Topas se encontraba su pareja, con la que se casó en 2016 en el centro salmantino.

Ante una gran expectación mediática, el exdirigente etarra atravesó las puertas de la cárcel a la 8.20 de la mañana, saludó a otros dos conocidos y se introdujo en un coche con destino a Euskadi.

Las fuerzas de seguridad y los colectivos de víctimas no descartaban que en Lasarte recibiese algún tipo de homenaje. En todo caso, se trataba de una hipótesis complicada debido a la propia trayectoria de Santi Potros. Aunque estuvo al frente de los comandos etarras en una de las etapas en las que ETA actuó con mayor dureza, se distanció de la estructura de la banda a raíz del atentado de la T4 con el que la organización terrorista puso fin a la tregua decretada en 2006.

Potros, según diversas fuentes, estuvo a punto de asumir la ‘vía Nanclares’, la propuesta diseñada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para intentar favorecer la reinserción de los reclusos y, además, romper la unidad del colectivo de presos.

El número de etarras que se sumó a aquella iniciativa no fue excesivo, pero si tuvo un importante valor simbólico ya que entre los que sí se sumaron estaban, entre otros, Joseba Urrosolo Sistiaga y Carmen Gisasola. A cambio de romper de forma clara con ETA y pedir perdón a las víctimas, los miembros de la banda obtenían beneficios penitenciarios. Potros, sin embargo, nunca ha expresado de forma pública su arrepentimiento.

El exdirigente terrorista pasó inadvertido sus primera horas en libertad en Lasarte. Comió con unos familiares y no se dejó ver. En la localidad guipuzcoana lucían algunas pancartas con el lema ‘Ongi etorri Xanti’ y contra Covite, que fueron retiradas por la Ertzaintza.

La noticia de su excarcelación obligó al departamento psicosocial de la AVT a ponerse en contacto una a una con las víctimas del exjefe etarra para informarles de su inminente puesta en libertad. Con Potros ya en la calle, los diferentes colectivos de afectados por el terrorismo optaron ayer por lanzar un mensaje de denuncia y resignación. Porque aunque reconocieron que su salida de prisión era inevitable porque había cumplido el tope legal marcado por la ley -el exdirigente etarra fue juzgado con el Código Penal antiguo-, tenía que haber pasado más tiempo en prisión.

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Roberto Manrique, una de las víctimas de Hipercor, consideró que su excarcelación «es legal, pero injusta». «No es justo que un terrorista con más de 30 muertos salga en 30 años, mientras otro con un solo muerto cumpla los mismos años de cárcel», afirmó. En una línea similar se expresaron desde la AVT y Covite. Según Consuelo Ordóñez, aseguró que la Guardia Civil le atribuye «hasta 115 víctimas, aunque como todos los etarras haya sido condenado por muchas menos».