Las citas electorales pueden acabar en un ‘tótum revolútum’ de resultados
adolfo lorente | bilbao
No será tan súper como se esperaba, pero habrá ‘superdomingo’ el 26 de mayo. Urnas por doquier. Locales, forales, autonómicas, de cabildos, europeas… Más que una fiesta de la democracia será un fiestón que comenzará un mes antes, el 28 de abril, con la celebración de los comicios generales. ‘Superprimavera electoral’. El problema es que cuando se habla de fiestas, siempre se sabe cómo empiezan pero nunca cómo acaban. Hay resacas y resacas, y en esta fiesta, no pinta bien la cosa.
El hartazgo de los ciudadanos está alcanzando cotas más que preocupantes. El país quedará durante muchos meses paralizado y no se descarta, ojo, que incluso haya que repetir las elecciones generales si se da un bloqueo en el Congreso como sufrió en su día Mariano Rajoy. «La política no puede convertirse en un problema y hace tiempo que lo es. Está cada vez más tocada. El hartazgo de la gente es cada vez mayor. ¡Y menos mal que la economía está resistiendo!», advierte Ander Gurrutxaga, catedrático de Sociología de la UPV.
El batiburrillo de urnas convertirá la ‘superprimavera electoral’ en un tótum revolútum de incierto resultado.