Gabriel Cruz ‘Pescaíto’, un crimen en busca de justicia
ALICIA AMATE | ALMERÍA
Ana Julia Quezada y Ángel Cruz se conocieron a comienzos de 2017. Ella, de 43 años entonces y nacida en República Dominicana, tenía una hija veinteañera y había perdido a otra en 1996, con solo cuatro años, tras caer por una ventana de su vivienda de Burgos, ciudad en la que residió durante años y en la que continuaba viviendo su hija. Él, empleado de una planta de químicos del Poniente almeriense, también tenía un hijo, Gabriel, nacido de una anterior relación con Patricia Ramírez.
En septiembre de ese mismo año la pareja comenzó una vida común en Vícar, donde compartían casa en días alternos y fines de semana con el pequeño, que pasaba el resto del tiempo con su madre. Nada apuntaba al inicio de esta relación aparentemente normal que seis meses después, en marzo de 2018, el cuerpo del niño aparecería desnudo y sin vida en el maletero del coche de la novia de su padre, después de once angustiosos días de intensa búsqueda en el entorno del Parque Natural de Cabo de Gata.
Los padres de Gabriel Cruz denunciaron el mismo día 27 de febrero la misteriosa desaparición. Había ocurrido a plena luz del día en Las Hortichuelas Bajas, una pedanía nijareña de muy pocos habitantes. Miles de personas, Quezada incluida, peinaron durante semana y media los lugares en los que, presumiblemente, podría encontrarse el pequeño de ocho años visto por última vez por su abuela paterna, con quien pasaba el puente del Día de Andalucía en su casa del Parque Natural de Cabo de Gata junto a su padre, que ese día tenía que trabajar, y la pareja de este.
Alrededor de las 15.30 horas de la víspera del festivo, después de comer, el niño salió de la casa familiar para ir a jugar con sus primos a una vivienda cercana, a apenas unos metros. Sin embargo, el pequeño nunca llegaría a recorrer el breve camino. Ana Julia Quezada lo habría interceptado, subido al coche y trasladado a otra finca, propiedad del padre, a cinco kilómetros, «en un lugar alejado, aislado y deshabitado».
Lo que ocurrió aún no está probado. Son estos hechos los que deberán determinarse en los próximos días, durante el juicio ante tribunal popular al que se enfrenta Quezada, asesina confesa del menor que hoy comienza en Almería.
Según la calificación provisional del Ministerio Fiscal, la mujer llevó al niño a la finca de Rodalquilar, «golpeó reiteradamente con violencia» al menor, provocando posteriormente su muerte al taparle la nariz y la boca «con sus manos». Tras comprobar el fallecimiento, habría cavado una pequeña fosa en el exterior de la vivienda donde enterró al pequeño, no sin antes desnudarle y guardar las pequeñas prendas en una mochila «con la finalidad de hacerlas desaparecer».
LA BÚSQEUDA DEl ‘PESCAÍTO’
Los días pasaban y cada vez más personas se unían a la búsqueda del niño, que ya había sido bautizado como el ‘Pescaíto’ y se había convertido en parte de la familia de medio país. Hasta Níjar se desplazaron algunos de los mejores cuerpos operativos del Estado.
Ana Julia Quezada mientras tanto estaba esperando el momento de deshacerse del pequeño cuerpo o cómo evitar sospechas sobre su persona.
Con un círculo cada vez más cerrado sobre ella, el 11 de marzo, finalmente, cometió el error que la llevaría directa a prisión. Esa mañana, temprano, se trasladó a la finca de Rodalquilar, desenterró el cadáver y lo metió en el maletero de su coche. Tenía que hacerlo desaparecer.
Lo que parecía no sospechar es que la Guardia Civil le seguía los pasos hasta el punto de que habían intervenido su teléfono y el coche que conducía.
«Dónde lo puedo llevar yo. A algún invernadero. ¿No quieren un pez? Les voy a dar un pez por mis cojones», comentaba en voz alta mientras recorría la distancia hasta Vícar, donde fue finalmente detenida ante la mirada de decenas de vecinos de la misma calle en la que compartía su vida, hasta entonces, con el padre de su víctima. La búsqueda había terminado.