El cura de Maruri reclama una revolución cívica por la paz en su primera misa oficiada con escolta
El cura de Maruri ofició ayer su primera eucaristía vigilado por un escolta
El párroco de la localidad vizcaína de Maruri, Jaime Larrinaga, renovó ayer su compromiso con la libertad y las víctimas del terrorismo. En su primera misa con escolta, Larrinaga reclamó una «revolución cívica» para terminar con la violencia y conseguir la paz. Palabras del primer sacerdote con escolta en el día en el que se rindió homenaje al ex gobernador civil de Guipúzcoa, Juan María Jáuregui, y al ertzaina Jorge Díez, asesinados ambos por la banda terrorista. La viuda de Jáuregui, Maixabel Lasa, reconoció que las cosas están peor que hace dos años por la falta de unidad de los demócratas para hacer frente a ETA. Con ánimo fuerte y cierto nerviosismo y en medio de una gran expectación, el párroco de Maruri, Jaime Larrinaga, ofreció a las once de la mañana y en euskera su primera misa bajo la atenta mirada del escolta que le acompaña de forma permanente como consecuencia de las amenazas recibidas por sus críticas al nacionalismo. En su homilía defendió el derecho que le asiste como sacerdote a «denunciar las injusticias o las corrupciones» y señaló que su labor ha sido «hablar de la tolerancia, el respeto, el estar los cristianos cerca de las víctimas, de los que no tienen libertad, de los perseguidos» porque «esa es labor del cristiano, es lo fundamental, otras cosas no valen», a pesar de que esa postura comprometida «duele en los ambientes en los que a las autoridades no les parece bien que se critique esa situación y nos quieren obligar a vivir con otras ideas». Consciente de que «la vida sin libertad no vale», no ocultó su dolor ante la actitud «de muchos feligreses» que le han dado la espalda «por denunciar la falta de libertad». Aunque reconoció «es difícil manifestarse y ser valiente», y de que «viviría mucho mejor» si se plegara al nacionalismo, renovó sin embargo, de acuerdo a lo que le dicta su conciencia, su compromiso con un País Vasco que, en su opinión, «está enfermo» y en el que «todos hemos perdido un poco la cabeza». En este punto demandó una «revolución cívica» de la «gente sencilla» frente al terror, porque «si no nos respetamos, si no hay tolerancia... vamos a ir a mal». Miembros del Foro de Ermua, como Pablo Setién e Iñaki Ezquerra; del PP, como Antonio Basagoiti o la senadora Ascensión Pastor, o del PSOE, arroparon al párroco de Maruri. Homenaje a Jáuregui Entretanto, alrededor de doscientos amigos, familiares y compañeros de partido rindieron ayer homenaje en Legorreta (Guipúzcoa) a quien fuera gobernador civil de Guipúzcoa, el socialista Juan María Jáuregui, asesinado hace dos años en atentado terrorista por ETA. En los actos, en los que se llevó a cabo una ofrenda flora y se inauguraron un monolito y una escultura, tomaron parte, entre otros, la viuda del político socialista y actual directora de Atención a las Víctimas del Gobierno vasco, Maixabel Lasa; el portavoz del Ejecutivo autónomo, Josu Jon Imaz; el diputado general de Guipúzcoa, Román Sudupe; o el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza. La viuda de Jáuregui dibujó un panorama en tonos grises y reconoció que ve la situación de Euskadi «más o menos como hace dos años, cuando mataron a mi marido, o quizá peor».