El cuestionamiento de la Ley de Amnistía de 1977 dispara las alarmas en una parte del PSOE
Felipe VI preside la Reunión del Consejo de Seguridad Nacional en el Palacio de la Zarzuela ayer, con el Gobierno. JOSÉ JIMÉNEZ
La interpretación de que el PSOE y Unidas Podemos, que irrumpió en política con un discurso de impugnación contra el «régimen del 78», habían pactado en la ley de la memoria una fórmula para sortear la Ley de Amnistía de 1977 disparó las alarmas en una parte del principal partido del Gobierno, incómodo con todo lo que pueda poner en riesgo los consensos de la Transición.
El presidente de Aragón, Javier Lambán, puso voz ayer a esa inquietud, compartida por barones como el castellano-manchego, Emiliano García Page, y advirtió de que la Ley de Amnistía es la «clave de bóveda» sobre la que se construyeron la Transición, la Constitución de 1978 y «los posteriores 40 años de convivencia pacífica entre los españoles».
Lambán reclamó incluso a su propio partido que mire «con mucha prevención» lo que plantean otras fuerzas políticas que siempre han dado muestras de querer acabar con lo construido por todos los españoles, una clara alusión a los independentistas de ERC, y recordó que no fue precisamente la izquierda sino la derecha, «capitaneada entonces por Manuel Fraga», la que opuso resistencia a la amnistía.
Además de los resquemores internos, la enmienda al proyecto de ley de memoria democrática registrada el miércoles por el PSOE y Unidas Podemos también provocó que Ciudadanos, que el martes se había avenido a negociar el texto gubernamental si los socialistas votaban a su vez su proposición de ley para prohibir los homenajes a etarras excarcelados, dieran la espantada.
El portavoz adjunto de la formación liberal en la Cámara Baja, Edmundo Bal, argumentó que la enmienda asume el relato de los separatistas y populistas, que quieren «acabar con la Transición» y exigió su retirada para seguir hablando. «Ciudadanos no va a secundar, a blanquear ni a ser cómplice de esta tropelía», aseveró.