El resultado se medirá también en clave nacional siempre que Pedro Sánchez adelante las elecciones

Andalucía examina el pulso para volver a unificar una izquierda que no suma

Sumar e Izquierda Unida cortejan a Podemos, que recela de una candidatura en común

Santiago Abascal se dirige al presidente del Gobierno en la sesión de control al Ejecutivo.j. c. hidalgo

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Agencias
Madrid

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La carrera por sellar las alianzas en el espacio político situado a la izquierda del PSOE para el próximo ciclo electoral vive sus primeros movimientos en Andalucía. Una comunidad en la que, salvo un adelanto que parece improbable, celebrará comicios en junio de 2026, cuando toca y como ya pone fecha el presidente de la región, el popular Juanma Moreno. El resultado se medirá, si Pedro Sánchez aguanta la legislatura, también en clave nacional. Y en ese contexto y de entrada, Sumar e Izquierda Unida confían en reeditar la lista que ya compartieron con Podemos en 2022, cuando aún Yolanda Díaz no había puesto en marcha oficialmente su partido y a la que los morados —cuya dirección nacional recela ahora de estos llamamiento— se unieron ‘in extremis’ a la coalición Por Andalucía, liderada por Inma Nieto (IULV-CA) y en la que también participaba Más País. Aquella primera experiencia fue traumática para el espacio político. Un anticipo de lo que le esperaría durante el ciclo electoral, en el que sufrieron varapalos en Galicia, Cataluña, País Vasco o en el Europarlamento. Lo fue tanto por el resultado —Por Andalucía y Adelante Andalucía, la marca anticapitalista que lideraba Teresa Rodríguez, consiguieron cinco y dos escaños, respectivamente, diez menos que habían obtenido cuatro años antes en común— como por el procedimiento para armar la candidatura conjunta. Entre las prisas de última hora, y en medio de un debate sobre el liderazgo de la coalición, en los días previos a la finalización del plazo de presentación de candidaturas surgieron numerosos problemas en las negociaciones. Podemos Andalucía defendía que la ganadora de sus primarias, la ahora diputada en el Congreso Martina Velarde, fuera la candidata a la Presidencia de la Junta. Finalmente, pocas horas antes de que se terminase el plazo, se anunció que los morados participarían de la candidatura, pero con Nieto como cabeza de cartel. Aceptaron a regañadientes. Pero no fue el único trance, habría otro más rocambolesco. Pasado un minuto después de la medianoche del 6 de mayo, día en el que se cerraba el plazo, las firmas de Podemos y Alianza Verde no llegaron a tiempo al registro en la Junta Electoral lo que implicó que el logotipo de la coalición no incluiría las marcas de los morados, sus candidatos figurarían en las papeletas como independientes y no tendrían acceso directo a la financiación.

Disciplina interna

Con ese funesto precedente, la dirección de Podemos quiere evitar que vuelvan a ser IU o Sumar (entonces representados por Más País) los que lleven la batuta en las negociaciones. Su secretaria general, Ione Belarra, volvió el miércoles a hacer oídos sordos a estos cantos de sirena y zanjó que «quien tiene que tomar una decisión no es Podemos, son las fuerzas políticas que están formando parte de un Gobierno de la guerra», poniendo la pelota en el tejado de las organizaciones de Yolanda Díaz y Antonio Maíllo. «Las alianzas caerán por su propio peso», insistió la exministra de Derechos Sociales. Podemos lleva meses confiando en atraer a IU como ya sucedió en 2016 con el ‘pacto de los botellines’. Una combinación que acabaría marginando a Sumar y a la propia Díaz.

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La dirección de Podemos quiere evitar que vuelvan a ser IU o Sumar los que lleven la batuta de nuevo en las negociaciones

Trump aletarga la oposición de Vox

El apoyo de Vox sin fisuras a Donald Trump y el equilibrio imposible al que se vio obligado cuando el presidente estadounidense cumplió su amenaza arancelaria a principios de abril —luego matizada— hizo que la formación que dirige Santiago Abascal adoptase un perfil bajo que, lejos de haber abandonado, continúa. Ni siquiera la publicación de los mensajes entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos —en otra 'semana horribilis' para el Gobierno— ha sacado de la esquina del ring a los voxistas. En la dirección del partido son conscientes —aunque no lo admitan de forma pública— de que midieron mal sus mensajes a favor del presidente norteamericano cuando este reeditó su presidencia. No han cambiado de postura y siguen creyendo que la proyección internacional de Abascal no es comparable a la de ningún otro dirigente nacional gracias al paraguas del trumpismo, pero que esto entre en conflicto con su electorado —donde el campo tiene una importancia primordial— es algo que la derecha radical no se puede permitir. Pero ahora el foco del debate político se ha situado en otro lugar bien distinto, sobre todo tras el gran apagón del 28 de abril y los mensajes de Sánchez.