El abogado de Ábalos agita la sombra de la indefensión por el deterioro de su salud

El exministro Jose Luis Ábalos durante la audiencia preliminar en el Tribunal Supremo.j. j. guillén

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Agencias
Madrid

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Nuevo golpe de timón en una estrategia procesal desconcertante. A tres semanas de sentarse en el banquillo del Tribunal Supremo para enfrentarse a una petición fiscal con la friolera de 24 años de cárcel, José Luis Ábalos está inmerso en el enésimo giro en su táctica de defensa. El exministro —que de coquetear con la confesión pasó a negarlo todo o a denunciar una supuesta cacería por parte de la UCO— parece apostar ahora por conseguir la nulidad de una hipotética condena alegando, en instancias superiores al Supremo, una doble indefensión: por someterle a juicio pese al «deterioro» de su salud como por la acuciante —a sus ojos— falta de tiempo de su nuevo abogado para preparar el caso. Un obstáculo que, según este argumento, se agrava aún más con el exdirigente en prisión y con la imposibilidad material de preparar en condiciones la vista oral del ‘caso mascarillas’, que comienza el próximo 7 de abril. El nuevo planteamiento jurídico pivota sobre una idea clara: la combinación del encierro preventivo, el delicado estado de salud del exministro preso y un calendario judicial asfixiante aboca al acusado a una «indefensión material» incompatible con el derecho a un proceso con todas las garantías reconocido en la Constitución. La defensa del exministro ya ha advertido esta semana del severo «impacto» que los continuos viajes de Soto del Real al alto tribunal ejercerán sobre la «capacidad real» del también ex secretario de Organización del PSOE «para intervenir en el juicio oral en condiciones adecuadas», tanto «físicas» como «cognitivas».

Con esa documentación intentó, sin éxito, convencer al tribunal de que le permitiera asistir por videoconferencia a la vista previa del juicio, evitando el traslado desde Soto del Real, la cárcel en la que ingresó el 27 de noviembre y en la que —según fuentes penitenciarias— no acaba de integrarse, pese a contar con el apoyo del también preso Koldo García y con las visitas de su primogénito, Víctor, y de su última pareja, Andrea de la Torre. En aquel escrito describía el traslado en furgón penitenciario como una experiencia especialmente dura. Según el propio Ábalos, los internos son trasladados «en furgones blindados diseñados para la seguridad, no para la comodidad», en ocasiones «compartiendo espacios reducidos y en condiciones de higiene más que mejorables». A juicio del abogado Turiel, esos desplazamientos «suponen un deterioro anímico y físico para el sometido a prisión». El Supremo rechazó finalmente esos argumentos y obligó tanto al exministro como a su exasesor a comparecer presencialmente en la vista.

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