Podemos esquiva sus primarias con Rufián por «clamor popular»

Colau acepta encabezar la alianza a la izquierda del PSOE y tiende la mano a los morados

Ada Colau es una de las favoritas a ocupar el puesto a la izquierda del PSOE.quique garcía

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Agencias
Madrid

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A pocos días de que venza el plazo para registrar coaliciones de cara a las elecciones generales, Podemos defiende el «acuerdo de cooperación» alcanzado con Esquerra Republicana (ERC) como la respuesta a una demanda social que trasciende a los aparatos de los partidos. Sin embargo, el pacto con Gabriel Rufián —sellado sin pasar por las primarias que la formación exige a las formaciones que componen el Frente Amplio (Más Madrid, Comunes, Izquierda Unida y Sumar) para lograr una papeleta única— deja al descubierto el choque de dinámicas internas —"bucles infinitos» según ha definido Irene Montero. En este marco, mientras los Comunes suavizan sus recelos con la cúpula republicana —después de que este lunes acusaran al candidato de los republicanos de «hacer todo lo posible por dividir» al bloque progresista pese a su discurso unitario-, ambas partes mantienen abierta la puerta a pactos territoriales de última hora para evitar la dispersión del voto. De hecho, casi 24 horas después de que el Frente Amplio la propusiera como candidata a la presidencia, Ada Colau ha roto su silencio para aceptar el encargo y hacer un llamamiento a sentarse con Podemos y ERC. «Todas debemos estar dispuestas a movernos de nuestras posiciones; aún queda tiempo hasta el viernes", ha asegurado.

La secretaria general de Podemos, Ione Belarra, y la eurodiputada y candidata de los morados por Madrid, Irene Montero, han enmarcado el pacto con ERC como una alianza de colaboración nacida del sentir popular y abierta a la incorporación de otros actores. La cúpula morada argumenta que las primarias representan la única herramienta legítima para ordenar el espacio donde las conversaciones han quedado encalladas, diferenciando esta situación de su entendimiento con Rufián. No obstante, fuentes de Podemos marcan distancias con la plataforma unitaria subrayando que negocian «con partidos, no con ningún Frente"; una interlocución bilateral con cada una de las formaciones con la que mantienen la mano tendida para tratar de alcanzar pactos puntuales en aquellos territorios donde sea posible evitar el choque entre papeletas.

Aunque todas las partes del espacio a la izquierda del PSOE aseguran públicamente que el debate no debe centrarse en quién ocupa cada silla, el escollo real se está produciendo en el reparto de puestos en Madrid y, de manera más profunda, en Barcelona —precisamente las dos circunscripciones clave del mapa electoral español, donde se disputan 38 y 32 diputados respectivamente-. A esta tensión territorial se suma el rechazo explícito de Podemos a integrarse bajo el paraguas del Frente Amplio, un formato que los morados consideran agotado y se resisten a unirse.

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Podemos defiende el «acuerdo» alcanzado con ERC como la respuesta a una demanda social que trasciende a todos los partidos