El frente norte se complica políticamente para los aliados, que hacen componendas para no soliviantar a Turqía ante el avance kurdo
Bush tiene que frenar a los kurdos que, ya sin Sadam, ocupan su territorio histórico
Algunos analistas militares internacionales se preguntaban en los últimos días por qué la alianza kurdo-norteamer
Un soldado iraquí consuela a otro combatiente capturado ayer en Perdeh, ahora en manos kurdas
La conquista se produjo a primeras horas de la mañana, sin necesidad, según fuentes aliadas, de disparar un solo tiro. El día anterior hubo combates en las afueras. Por la noche, los últimos focos de resistencia iraquí se retiraron de la ciudad y los peshmergas entraron a continuación, jaleados por la población, que acababa de rebelarse. Desde el aire, la aviación estadounidense ofrecía el apoyo necesario. También aquí se reprodujeron las escenas ya vistas en Basora y Bagdad. Miles de personas saqueaban los edificios oficiales, en medio de una situación caótica desde el punto de vista del orden público y también desde el higiénico y sanitario. Los hospitales carecen de medicinas y anestesia, y se teme la falta inmediata de agua potable. Para no ser menos que en la capital, conquistadores y conquistados derribaron una estatua de bronce de Sadam Huseín, de más de ocho metros de altura. Con la ofensiva militar expedita, EE. UU. se concentró ayer en la ofensiva diplomática. El ministro de Exteriores turco, Abdulá Gul, se apresuró a declarar que «un control kurdo permanente en Kirkuk sería inaceptable para Ankara, que hará todo lo que sea necesario para evitarlo». Minutos después, el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, le llamó por teléfono y le aseguró que sus tropas relevarían de inmediato a los peshmergas y le invitó a que enviara observadores militares. Gul dijo que la propuesta era aceptable, porque tenía la intención de confirmar sobre el terreno que «no se autoriza una