OPINIÓN Javier Fernández de Arribas

Una tragedia evitable

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León

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Uno de los peores despertares que puede haber después de una larga madrugada de trabajo electoral es escuchar en la radio la noticia de la muerte de 62 soldados españoles y 12 tripulantes ucranianos de un avión Yakovlev 42 que se ha estrellado en un pueblo de Turquía. Las causas pueden ser variadas pero la realidad es que muchas familias han quedado destrozadas por este accidente. Y puesta en cuestión la capacidad logística real de España y de Europa para estas misiones. Lo que hay que hacer ahora es repatriar los restos mortales y honrar la memoria de unos profesionales que desarrollaban su trabajo en una zona de conflicto para contribuir a su estabilización y pacificación, además de reconstruir sus escuelas y hospitales, y sin despreciar su capacidad para otras tareas de seguridad, desminado y desarme de las partes enfrentadas. Lamentar la pérdida de estas vidas no significa que nos resignemos a aceptar las condiciones que obligan a asumir la falta de capacidad propia de transporte. Seguro que es injusto demonizar a los ucranianos por su falta de seguridad, de recursos, de mantenimiento, pero les aseguro que en Bosnia y Kosovo nadie quería que le tocara un aparato ucraniano para el desplazamiento. Sobre todo, después de que gran parte del equipo de colaboradores del entonces Alto Representante europeo para Bosnia, el español Carlos Westendorp, perdiera la vida en un accidente de helicóptero... ucraniano. Es la polémica habitual entre norteamericanos y europeos. Washington no escatima el dinero necesario para estos menesteres. Europa, sin embargo, regatea constantemente los requerimientos para elevar al 3% del PIB el gasto en Seguridad y Defensa de cada país. La realidad es cruda y desgarradora. Un avión más moderno hubiera afrontado en mejores condiciones el problema sufrido en Turquía. Ahora todo serán lamentaciones y comisiones de investigación para salvar la situación. La solución es asumir el gasto necesario en el marco de una industria europea de armamento, para que algo tan básico para la seguridad de los soldados como es el transporte aéreo, quede garantizado todo lo posible. El gasto español en Defensa se ha incrementado en los últimos años con la triquiñuela de «camuflar» en el presupuesto de Ciencia y Tecnología más de 200.000 millones de las antiguas pesetas para la modernización de los sistemas de armas. Con ello, nos situamos en el 1,8 del PIB, el tercer país de la UE que menos gasta en este capítulo. Por muy impopular que sea el gasto militar, así no podemos ir a ningún sitio y mucho menos que mueran nuestros escasos y mal pagados profesionales.

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