La defensa insiste en que la Policía fue responsable de la masacre por no desalojar el centro

ETA utilizó napalm para quemar vivas a las víctimas del atentado de Hipercor

Fungairiño pide 950 años para los acusados por «la mayor catástrofe» de la banda terrorista

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Melchor Sáiz-Pardo - madrid
León

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? El «comando Barcelona» de ETA no sólo buscó la destrucción del centro comercial Hipercor en el atentado del 19 de junio de 1987 sino que fabricó una bomba especial «incendiaria» a base de napalm y gasolina para quemar vivas a las víctimas que se encontraban dentro de los grandes almacenes. Esta fue la conclusión de los peritos en explosivos que ayer testificaron en la Audiencia Nacional durante la última sesión del juicio que se sigue contra el ex jefe de los comandos militares de ETA, Santiago Arrospide, y contra el etarra Rafael Caride por la masacre. El fiscal jefe de la Audiencia Nacional, en la recta final de la vista, pidió 950 años de cárcel para cada uno de los dos terroristas. La declaración de los TEDAX y químicos que analizaron la bomba de Hipercor fue coincidente: el artefacto que Caride y sus compañeros de talde ocultaron en el maletero del coche-bomba no estaba compuesto sólo de 30 kilos de clásico amonal. Según los tres especialistas que ayer declararon, además de los componentes del amonal, los activistas cargaron el vehículo con unos 25 kilos de un «napalm casero», un explosivo altamente incendiario que se adhiere a la piel para calcinarla. Los químicos del Cuerpo Nacional de Policía fueron tajantes este miércoles: el objetivo de introducir napalm en la bomba no podía ser otro que «animar el incendio y producir más víctimas». Los científicos también confirmaron que los etarras del «comando Barcelona» fueron más allá y sumaron al amonal unos cien litros de gasolina, cuyos restos fueron recogidos en el aparcamiento del centro. La aparición del combustible, según la opinión de los técnicos, sólo responde al interés de «aumentar la combustión» y alcanzar a las personas que se encontraban en el interior de los grandes almacenes que vieron como el fuego se pegaba a su piel por la cola de contacto y las escamas de jabón que los terroristas también añadieron al artefacto hasta completar unos 200 litros. «Sufrimiento imperecedero» Junto a los químicos, otros peritos dactilográficos, documentalistas y fisonomistas certificaron que las huellas de Caride aparecieron en los materiales para fabricar bombas encontrados en el piso franco del comando en Castelldefels y confirmaron las identificaciones fotográficas que los miembros del talde hicieron de su jefe, Santi Potros. La revelación de los peritos en explosivos se convirtió, sin duda, en el eje del alegato final del fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Eduardo Fungairiño, que pidió 950 años de cárcel para cada uno de los dos acusados por la que calificó como «mayor catástrofe de ETA». «Si alguna vez salen de la cárcel que no les queden ganas de empuñar una pistola», subrayó Fungairiño. Para el jefe fiscal, no cabe duda que la aparición de napalm y las escamas de jabón sólo tiene una explicación: «que el incendio se propagara» y que el fuego «permaneciera más tiempo en el cuerpo» con el objetivo de que las víctimas tuvieran un «sufrimiento imperecedero». La defensa volvió a insistir en la responsabilidad de la Policía por no desalojar el centro.

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