Como Rocío, la adolescente de Coín luchó con su agresor antes de morir, pero no fue violada

Restos de ADN relacionan el asesinato de Sonia con el de Rocío Wanninkof

Una huella genética hallada bajo la uña de Sonia coincide con la localizada en una colilla en Mijas.

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Héctor R. Gavira - sevilla
León

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Los paralelismos aparentemente casuales que en un primer momento parecían haber unido los trágicos desenlaces de Sonia Carabantes con Rocío Wanninkof podrían ir más allá de meras coincidencias después de la aparición de nuevas pruebas que relacionan el crimen de la joven malagueña de Coín con el ocurrido hace cuatro años en Mijas. Según fuentes del caso, los análisis de ADN muestran «importantes coincidencias» en unos restos de piel hallados bajo las uñas de Sonia, en la saliva de una colilla encontrada en el lugar donde se localizó el cuerpo y la boquilla de otro cigarrillo que apareció junto al cadáver de Rocío Wanninkof en 1999. Tanto forenses como expertos de la Policía Científica de la Guardia Civil trataron a lo largo del día de enfriar el dato y precisaron que esas «importantes coincidencias» todavía no quieren decir nada. Pero el juez de instrucción 2 de Coín, que mantiene la investigación protegida por el secreto del sumario, tiene ya en su poder el certificado de los expertos del instituto armado que permite sospechar de manera fiable que una misma persona participó en el asesinato de Sonia y, cuando menos, estuvo en el lugar donde fue enterrada Rocío. La Guardia Civil analiza ahora si este dato obliga a modificar la principal línea de investigación que seguía para identificar a los asesinos de la joven de Coín o, al contrario, obliga a revisar las pesquisas realizadas para aclarar la muerte de la adolescente de Mijas. Los forenses que trabajan con los restos de Sonia sí han decido ya dar un giro a sus análisis, según confirmó el director del Instituto de Medicina Legal de Málaga, Antonio García de Gálvez. El cuerpo de la joven aún permanece a disposición de los miembros de este plantel de expertos, bajo control judicial, por si fuera necesario realizar nuevas pruebas forenses. Casos paralelos «La peor de las hipótesis parece confirmarse», reconoció ayer un alto responsable de la investigación, que confirmó que hasta el momento las similitudes que presentaban ambos casos sólo habían sido valoradas como meras casualidades. Apenas doce kilómetros separan la localidad de Coín y la de Mijas, lugares de residencia de las dos jóvenes, de 17 y 19 años, que habían pasado la mayor parte de su vida en el extranjero. Las dos desaparecieron cuando regresaban a casa después de haber pasado la noche en las fiestas de sus municipios. Las dos lucharon con sus respectivos agresores antes de ser asesinadas, pero ninguna de las dos fue violada antes de su muerte. Este dato, en el caso de Sonia Carabantes, se supo ayer, y permitió descartar el móvil sexual como causa del crimen, como ocurriera en el de Rocío Wanninkhof. El cadáver de ésta última apareció en Marbella en noviembre de 1999, a poco más de 18 kilómetros del municipio de Monda, después de tres semanas de intensa búsqueda y gracias a la participación de numerosos vecinos de la zona en las tareas de rastreo. Y en Monda fue localizado el 19 de agosto el cuerpo sin vida de Sonia después de seis días de intenso rastreo por parte de más de un millar de voluntarios. Estas nuevas pueden dar un giro radical a las investigaciones abiertas en el caso de Sonia, sino también al proceso abierto contra la principal sospecha del asesinato de Rocío, Dolores Vázquez, la amiga de la familia Wanninkhof a la que un jurado popular llegó a declarar culpable de este crimen, en septiembre de 2001, por lo que la Audiencia Provincial de Málaga la condenó a cumplir 15 años.

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