Sólo entre 1936 y 1937, las ejecuciones en «paseos» superaron a las legitimadas por sentencias militares
Uno de los episodios añadidos a la investigación del historiador leonés Javier Rodríguez es el de los paseos, donde se hace una especial mención al caso del pozo grajero de Lario. La sustitución de la ley por las armas se hizo notoria a partir de 1936. El bienio que seguiría, sólo en esos dos años, el número de ejecuciones llevadas a cabo de forma irregular superó a las que se realizaron a través de sentencias dictadas por los tribunales militares. «Durante esos años fueron muy pocas las víctimas mortales que tuvieron la oportunidad de pasar por consejos de guerra; la mayoría murió en sacas y paseos que, aunque protagonizados po grupos de civiles armados, eran consentidos y fomentados por las autoridades». El 21 de julio de 1936 apareció a orillas del río Bernesga el primer paseado leonés, un joven dependiente apellidado Cebada. A partir de ahí, los paseos se sucedieron en toda la provincia de León. El mapa dibujado por Rodríguez concentra estos escenarios en Valverde del Camino, Villadangos, Casasola, San Isidro, el Campo de Fresno, Montearenas en Ponferrada, el depósito de máquinas de la azucarera de León y el polígono de tiro de Puente Castro. Los registros civiles de la ciudad de León, Gradefes, Cuadros, Villadangos y Valverde de la Virgen tienen en su sección de defunciones muchas hojas encabezadas por «sujetos desconocidos» o «varón sin identificar». Uno de los últimos hechos investigados es el caso de Lario, donde varias personas de la montaña leonesa y del concejo asturiano de Ponga fueron fusilados y arrojados a una profunda sima. La localización de un superviviente permitió reconstruir la historia y poner una cara a los restos óseos que aparecieron en noviembre de 1998 durante una incursión de los guardias civiles de montaña en el interiro de este pozo.