El asesino de Valdepeñas pide perdón por carta a las familias de sus víctimas

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j.v.m. | ciudad real
León

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Gustavo Romero, el asesino confeso de Rosana Maroto -la joven de Valdepeñas (Ciudad Real) que desapareció en 1998- y de Ángel Ibáñez y Sara Dotor -los novios de Valdepeñas acuchillados en un parque en 1993-, ha hecho llegar una carta de perdón a las familias de sus víctimas en la que asegura que «la condena que pueda cumplir nunca será suficiente para hacer justicia». En las 24 líneas de esta misiva Romero indica que «en lo más profundo de mi alma quisiera pedirles perdón por todo ese daño y transmitirles mis deseos de cumplir la condena que me sea impuesta con todo lo que ello conlleva» y que «ojalá pudiese cambiar todo cuanto hice ya que ni yo, que soy el autor, acepto tanto dolor por lo que hice y me imagino que el odio que tienen hacia mí es enorme». La carta que este asesino confeso ha hecho llegar a los familiares de sus víctimas a través de su abogado, Ataúlfo Solís, termina afirmando que su arrepentimiento no será suficiente y que rezará por sus víctimas y sus familiares. Según su letrado, esta carta no pretende ablandar a los magistrados que lo juzgarán «porque carece de valor para la cuestión jurídica de fondo. Sólo es una cuestión puramente personal». «A Ángel, Sara y Rosana, de todo corazón, lo siento muchísimo. Perdonadme». Así concluye este escrito firmado por Gustavo Romero que sólo ha generado más dolor e indiferencia en las familias de sus tres víctimas. La madre de Rosana Maroto, Cristina Quintana, declaró ayer que deseaba «que se mate o lo maten en la cárcel porque éste sería el mínimo desagravio».

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