El 90% están en zonas de montaña y ofertan 2.500 plazas, pero sólo se llenan en verano o puentes festivos

Casi 300 pequeñas empresas se disputan ya en León la tarta del turismo rural

Cómo captar turistas en los viejos pueblos es el sucedáneo para paliar las crisis mineras y agrarias

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Antonio Núñez - león
León

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«Tenemos en trámite 26 permisos, lo que supone un 10% más sobre el número actual de establecimientos» ENRIQUE LÓPEZ BENITO, jefe de Turismo de la Delegación Territorial de la Junta Un total de 270 pequeños establecimientos, en su inmensa mayoría de dimensión familiar, a los que hay que añadir otros 26 en trámites para conseguir la licencia, se disputan ya en la provincia la explotación del turismo rural como un recurso alternativo o, al menos complementario, a desaparecidas explotaciones agrarias o mineras. La oferta de plazas es todavía muy reducida, del orden de 2.500, lo mismo que el número de puestos de trabajo creados, casi siempre en régimen de autoempleo, a pesar de lo cual León es la segunda provincia de la autonomía en casas y hoteles rurales, sólo superada por Avila en su proximidad a Madrid y la afluencia de visitantes que alimenta a su sierra desde muchas décadas atrás. Los primeros establecimientos se crearon en 1994 y no comenzaron a expandirse o multiplicarse hasta cinco años después, en el trienio 1999-2001, cuando se abrieron un centenar y medio de locales, la mitad de los que existen en la actualidad. Según el jefe del servicio de Turismo de la Junta en la provincia, Enrique López Benito, aquel espectacular despegue se debió a una lluvia de ayudas y subvenciones oficiales, cuyo grifo luego se cerró casi en su totalidad, debido, entre otras cosas, a la proliferación de casos de picaresca: muchas casas rurales de las llamadas «de alojamiento compartido» con las familias -no así las posadas, las de alquiler al completo o los pequeños hoteles de pueblo- aprovechaban las ayudas públicas para, simplemente, arreglar la vivienda familiar, alegando luego ante eventuales huéspedes que todas las habitaciones estaban «ocupadas». En la actualidad muy pocos establecimientos de turismo rural reciben ayudas, siempre muy selectivas y en función de la profesionalidad de sus promotores, del número de empleos que creen o de su ubicación (fondos europeos para cuencas mineras, por ejemplo). En la montaña El número de peticiones de licencia para abrir nuevos establecimientos cayó bruscamente durante el bienio 2001-02, pasando de 62 a 27 solicitudes, que bajaron aún más en el 2003, con sólo catorce. En lo que va se este año se han aprobado otra docena y están en trámite administrativo 26 más, lo que representa un repunte que los técnicos no saben aún a qué achacar. Casi la totalidad de las casas y centros de turismo rural están ubicados en áreas de montaña, donde es relativamente fácil captar clientela con sólo recurrrir a la explotación de recursos paisajísticos, mientras que en el resto de la provincia los reclamos para una potencial demanda urbana son escasos: el Camino de Santiago y algunas rutas monumentales menores hacia las que pocos se desvían. También la dimensión de las empresas es pequeña, aunque creciente, de modo que las dos terceras partes de las casas y posadas de turismo rural tienen menos de diez plazas (la mitad en número de habitaciones), sólo 69 superan la decena y 17 ofertan espacio para más de veinte clientes (diez habitaciones o más). Son excepción las que generan puestos de trabajo fuera de la familia que regenta el negocio o, como mucho, las que alcanzan el equibrio al 50% de un empleo por autónomo por otro por cuenta ajena.

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