En el 2003 se batió el récord de reses enfermas, con 154, aunque el problema ha dejado de interesar a la opinión pública
La mitad de los casos de vacas locas se concentran en Galicia, Asturias y León
Un carnicero muestra el certificado de calidad de la carne gallega que vende en su local
La ganadería de la provincia de León es la quinta más afectada de España por la encelopatía espongimorme bobina o «mal de las vacas locas» desde que detectó el primer caso de la enfermedad en diciembre del 2000, según estadísticas oficiales. Hasta el momento se han registrado un total de 26 casos sobre 389 en el conjunto del país, aunque por delante figuran provincias como Lugo, con 52, La Coruña y Pontevedra , con 35 cada una, y Asturias, con 29. Aunque la enfermedad ha dejado de causar alarma social y se limita ahora a un goteo de casos que afecta a menos de una de cada cinco mil reses, nada a los humanos y apenas llama la atención de la opinión pública, 2003 fue el peor año para la los ganaderos, con un total de 154 casos en España, 46 en Castilla y León y una decena en la provincia leonesa, cifras que suponen un record en la evolución de la epidemia. No obstante y según el jefe del servicio de Agricultura de la Delegación Territorial de la Junta, Fidentino Reyero, «aunque el año pasado estuviéramos, por decirlo así, en la cresta de la ola, en el primer trimestre de este año sólo hemos registrado un caso, lo que hace prever que comience una curva de inflexión, por lo demás lógica: el periodo de incubación de la enfermedad dura aproximadamente un quinquenio, lo que quiere decir que, una vez adoptadas las medidas preventivas, tiene que que empezar a decaer a partir de ahora, salvo casos aislados que hayan podido transmitirse genéticamente, no por el consumo de piensos y harinas cárnicas». La ruta León-Benavente El continuo goteo de casos de vacas locas que sigue contabilizandose en la provincia se sitúa mayoritariamente entre León y Benavende, coincidiendo con los regadíos forrajeros y las explotaciones ganaderas del Esla. «Se trata casi siempre de animales de más de seis años, de producción láctea, no de carne, y raza frisona, que aún no han sido retirados de las granjas simplemente por seguir en edad productiva». A medio camino entre León y Benavente se detectó el primer caso de la enfermedad en León, dentro de una explotación de casi doscientos animales, todos los cuales fueron sacrificados por temor a contagios que luego se demostraron inexistentes. Según Reyero, uno de los peores momentos de su carrera de funcionario fue cuando tuvo que anunciarle al primer ganadero que tenía que sacrificar toda su cuadra «porque ni casi me atrevía ni sabía cómo decirlo». Al final la Junta optó por indeminar generosamente las pérdidas, de forma que se han pagado hasta ahora un dinero oficial 1,9 millones de euros por el sacrificio, reposición y lucro cesante de un millar de animales en granjas leonesas, además de subvencionarse pólizas de seguros ganaderos, desde hace dos años, para el mismo fin. Actualmente y seguros aparte, la Junta se limita a pagar entre 330 y 1.380 euros por cada animal sacrificado, dependiendo de su teórico valor de mercado. «Al principio también los sacrificios eran generales, pero luego se hicieron de forma selectiva, según edades, guías sanitarias, etcétera, y, en todo caso las indemnizaciones se han pagado lo más rapidamente posible, casi nunca más tarde de dos meses, que es el plazo imprescindible para realizar un trámite administrativo en el que interviene más de un departamento». Burocracia aparte, las quejas de los ganaderos, que tampoco fueron excesivamente elevadas en un principio, ante el clamor, aún más alto, de los consumidores parecen acalladas, al día de hoy con dinero oficial.