El Gobierno lanzará una gran campaña de información sobre la Carta Magna para lograr la aprobación de los españoles

Zapatero duda si someter la Constitución europea a referéndum por la abstención Solana quiere dar el sí

El ministro Moratinos garantiza que España será el primer país en aprobar el texto

Zapatero, durante la conferencia de prensa que ofreció en Bruselas

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C. Calvar - madrid
León

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El Gobierno considera «conseguidos» los tres objetivos principales que se fijó para la negociación sobre la Constitución Europea que concluyó este viernes en Bruselas. Una metas que, según explicó ayer el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, consistían en alcanzar un pacto definitivo sobre el texto constitucional, mejorar la posición española ante sus socios europeos respecto del anterior proyecto esbozado por la Convención, y dejar clara la «vocación europeísta» de España. Comienza ahora la etapa en que los 25 países tendrán que ratificar la Constitución. La altísima abstención que se registró en las recientes elecciones europeas preocupa al Gobierno, que ahora duda sobre la pertinencia de someter el texto a referéndum. Moratinos afirmó que en este momento «todo está abierto» y anunció que el Gobierno abrirá un debate con todos los grupos políticos para decidir por consenso el «mecanismo más acertado para movilizar a la ciudadanía en favor de Europa». Mientras el PSOE estuvo en la oposición se pronunció a favor de la ratificación de la Constitución mediante una consulta popular, fórmula que también defendió el Gobierno de Aznar. Ahora, el Ejecutivo socialista se limita a decir que buscará «el mejor método para defender y ratificar el tratado», lo que abre la puerta a una renuncia al referéndum y a su ratificación, por votación, en el Congreso de los Diputados. Este asunto también quita el sueño a los países motores de la construcción europea, que creen que algo tan trascendente como la aprobación de una carta de derechos fundamentales debe contar con la mayor legitimidad. Si se hiciera por referéndum y con una participación tan baja como en los comicios -el 45,9 por ciento en España- su validez podría ser cuestionada en el futuro. De momento, Moratinos sostiene que no tiene «ningún temor» y que España «ratificará» la Constitución. El Gobierno, así como el resto de los países de la unión, sacó una segunda lección de la indiferencia que mostraron los votantes en los últimos comicios: hay que acercar Europa a los ciudadanos. Por eso, cuando la Secretaría del Consejo tenga listo el texto definitivo de la Carta Magna, impulsará una campaña para su difusión entre la ciudadanía. Se distribuirá el texto de la Constitución europea junto a «una explicación de los logros y objetivos» que tratará de dar a conocer las instituciones comunitarias a todos los ciudadanos. El jefe de la diplomacia española calificó de «histórico» el acuerdo logrado en Bruselas tras dos meses de negociaciones porque abre a los ciudadanos europeos «una perspectiva futura de libertad, igualdad y proyección exterior». Dedicó gran parte de su intervención a insistir en el segundo de esos beneficios -el más cuestionado-, el fortalecimiento de la posición frente al resto de países de la Unión Europea. Moratinos explicó que el nuevo sistema de voto beneficiará a España, que tendrá mayor capacidad para constituir minorías de influencia o bloqueo. El ministro destacó que también contara con una posición aventajada en el Parlamento, donde recuperará cinco de los diez diputados que el anterior Gobierno de José María Aznar cedió en el 2000 durante las negociaciones del Tratado de Niza, al igual que en la Comisión, donde, además de no perder ningún comisario, salió reforzada, por la «unanimidad» de los 25 países, la figura de Javier Solana, actual alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior. En el corazón de Europa De cara al futuro, Solana se perfila al menos como futuro ministro de Exteriores europeo, aunque algunos le señalan ya como posible sucesor de Romano Prodi al frente de la Comisión. «No hay nada excluido», apuntó Moratinos, y «todo es posible». El ministro recalcó que con estos logros España se mantiene «en el corazón político de la UE» y aseguró que la clave para conseguirlo estuvo en el «método» empleado, que consistió en «cambiar el bloqueo y el enfrentamiento por la firmeza, el talante y el diálogo». «El Gobierno -añadió- ha sabido desplegar el trabajo con voluntad y creatividad suficientes para defender los intereses españoles». También se felicitó por haber conseguido incluir en el texto constitucional otras cuestiones «de interés básico». Entre ellas, la inclusión con carácter permanente de «la singularidad de Canarias» que permitirá al archipiélago acceder a determinadas ayudas; el reconocimiento de la diversidad lingüística, que rompe un «tabú» y abre el camino para que el catalán, el euskera y el gallego gocen de mayor «reconocimiento y respeto»; y el mantenimiento de la tradicional postura española sobre Gibraltar. Además, Moratinos dijo estar «satisfecho» por haber llevado a la Constitución la visión del Gobierno sobre lo que debe ser la lucha contra la violencia de género y sobre el reparto de los fondos estructurales, ayudas que la UE destina a sus socios más pobres para reforzar su cohesión económica, social y territorial. Lo único que lamentó es no haber conseguido incrementar el ámbito de decisiones que se podrán adoptar por mayoría cualificada. Aún así, el ministro pronosticó que la nueva Constitución será «más eficaz» porque facilitará la toma de decisiones, «más democrática» porque otorgará mayores poderes al Parlamento y «más solidaria», por las políticas económicas y de acción social que permitirá desarrollar. Javier Solana mostró ayer su disponibilidad a convertirse en el próximo presidente de la Comisión Europea si su nombre es fruto del acuerdo de todos los socios de la Unión. El alto representante de la Política Exterio aseguró que le costaría mucho decir que no si recibe una petición consensuada.

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