El artefacto de San Vicente de la Barquera contenía doscientos gramos de cloratita y el de Ribadesella, trescientos

ETA demuestra que sigue operativa con dos bombas de escasa potencia

La policía tuvo que desalojar a cientos de turistas tras las amenazas telefónicas

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O. Allende / A. Fabián - santander
León

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La banda terrorista ETA reapareció ayer tras varios meses de aparente inactividad al hacer explotar dos bombas, que no causaron víctimas, en sendos municipios de la cornisa cantábrica, donde estos días pasan sus vacaciones miles de turistas. Los artefactos explotaron pasadas las 13:00 horas en las localidades de San Vicente de la Barquera (Cantabria) y Ribadesella (Asturias) después de que una hora antes un comunicante anónimo, que aseguró hablar en nombre del grupo terrorista vasco, alertara por teléfono de su colocación a los diarios Gara y a La Nueva España . No hubo heridos ni tampoco daños materiales de consideración, pero ETA consiguió su propósito de demostrar, un verano más, que a pesar de la presión policial sigue operativa y es capaz de golpear a la principal industria del país: el turismo. La bomba de San Vicente de la Barquera, de escasa potencia, estalló sobre las 13:10 horas. Los terroristas la habían abandonado dentro de un seto del parque municipal, en un paseo peatonal de la avenida de Miramar, un lugar muy concurrido del centro de la localidad, rodeado de bares y restaurantes y a poca distancia del lugar donde, cada sábado por la mañana, se celebra el mercadillo. Desalojo Según explicó el delegado del Gobierno en Cantabria, Agustín Ibáñez, que se trasladó hasta el lugar para comprobar el alcance de la explosión, la bomba estaba compuesta por poco más de 200 gramos de explosivo -que podría ser dinamita marca Tytadyne- que los terroristas habían colocado en una fiambrera de plástico introducida en una bolsa de basura. Minutos antes de su estallido efectivos de la Guardia Civil y agentes de la Policía Local habían desalojado a los cientos de personas que transitaban por la zona, acordonado el parque y cortado los accesos al pueblo, así como varias calles del centro. De ahí que, según varios testigos, nadie corriera peligro. Ante la posibilidad de que existiera un segundo artefacto, tras la deflagración acudieron a la zona varios equipos de agentes de la policía nacional especializados en la búsqueda y desactivación de explosivos (Tedax) con unidades de perros rastreadores. Peinaron las cercanías hasta que, sobre las 15:30 horas, levantaron el cordón policial tras comprobar que no había peligro. En Ribadesella (Asturias) la bomba explotó también pasadas las 13:00 horas, a la altura del número 3 de la calle Ricardo Cangas, en una casa abandonada en las inmediaciones del hotel 'Ribadesella-Playa', frente a la playa de Santa Marina, en una zona que fue acordonada por la Guardia Civil. Según fuentes de la lucha antiterrorista, el estallido alcanzó uno de los tabiques del establecimiento, que resultó dañado, pero por fortuna tampoco esta vez hubo que lamentar daños físicos a personas. El atentado de Ribadesella estuvo precedido por una llamada de aviso, que se recibió a las 12:10 horas en la redacción del periódico asturiano La Nueva España . El comunicante, también en nombre de ETA, avisó de la existencia de ambas bombas. Atendió la llamada el portero de la sede, que advirtió a la Guardia Civil, cuyos agentes activaron el correspondiente dispositivo de seguridad. Al parecer en esa llamada el etarra alertó de la existencia en otro municipio de una tercera bomba, que no obstante no fue hallada.

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