Los terroristas chechenos, experimentados en secuestros masivos y dispuestos a morir

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León

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El terrorismo islámico checheno cuenta ya con una dilatada experiencia en secuestros masivos. La primera acción de esas características tuvo lugar en junio de 1995 y la dirigió Shamil Basáyev, el artífice de la mayoría de los atentados terroristas cometidos en Rusia en los últimos diez años. Basáyev y sus hombres se apoderaron del hospital de la ciudad rusa de Budionnovsk (región de Stávropol) y de las 2.000 personas que se encontraban en su interior. Después de matar a un centenar de personas, el jefe guerrillero y el grupo armado que tomó parte en la toma de rehenes lograron regresar a Chechenia, en donde fueron recibidos como héroes. Basáyev obligó incluso al entonces primer ministro, Víktor Chernomirdin, a hablar con él por teléfono. Medio año más tarde, en enero de 1996, los separatistas chechenos volvieron a protagonizar otro secuestro a gran escala (3.000 rehenes). Esta vez en el hospital de la localidad daguestaní de Kizliar. El que estaba al frente del comando era Salmán Radúyev, quien también consiguió regresar a Chechenia, aunque tras varios días de feroces combates en el poblado de Pervomáiskoye. Murieron 78 personas. Radúyev, que pasó a ser también una leyenda y, más tarde, resultó gravemente herido en enfrentamientos con el Ejército ruso, fue capturado en el 2000 y falleció en la cárcel hace dos años. La toma de rehenes más sangrienta, sin embargo, fue la del teatro Dubrovka de Moscú, en octubre del 2002, ya con Putin en el Kremlin. El jefe del comando fue Movsar Baráyev, muerto, al igual que los otros 40 terroristas que le acompañaban. La crisis comenzó el 23 de octubre por la noche, mientras se representaba el musical Nord-Ost y finalizó el día 26 por la mañana, cuando grupos especiales de la Policía y del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB, antiguo KGB) irrumpieron en el interior del teatro utilizando un gas paralizante que, según el balance oficial, acabó con la vida de 129 rehenes. Según datos recogidos por los familiares de las víctimas, en realidad perecieron cerca de 200 personas. La crisis actual en Osetia del Norte tiene visos de acabar en una tragedia aún mayor. «Nuestra tarea principal es salvar la vida y la integridad de los rehenes» VLADÍMIR PUTIN Presidente de Rusia

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