| Crónica | Las justificaciones de un homicida |

El amor como excusa

Felicísimo Maldé culpa a la Seguridad Social de desatender su petición de tratamiento psiquiátrico por considerarse un peligro

La policía introduce en un coche al presunto homicida

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efe | valencia

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Felicísimo Maidé aseguró que esta situación había derivado de su malestar por haber sido desatendida su petición de ingresar en un centro médico por considerarse «un peligro público». Maidé, que según la subdelegación del Gobierno en Valencia recibía tratamiento antidepresivo, comentó en su comunicado en el que éste denunciaba que en el mes de julio había solicitado ayuda en la Seguridad Social y le habían facilitado como tratamiento «unas pastillas y la limitación de conducir vehículos a motor». El agresor, que de madrugada había hecho unas declaraciones a Efe en las que aseguraba haber «matado por amor», llamó a la redacción de Madrid poco antes de entregarse para relatar el «caso omiso» que le hicieron cuando hace un tiempo pidió su ingreso médico por considerarse «un peligro público» para él «y para la sociedad», y -según su versión- le remitieron al hospital de Alcira (Valencia), dónde le «pusieron unos sedantes» y le «remitieron al médico de cabecera». Ayuda tardía Se preguntó si es preciso «esperar a que un enfermo saque una escopeta por la ventana, se líe a tiros y mate a una persona» para recibir asistencia médica, y aseguró que la ayuda que se le ofrecía ayer «llega tarde, porque ahora lo único que quiero es morir, porque mi vida no tiene sentido». Fuentes del Hospital de Alcira declinaron facilitar ayer información sobre el presunto homicida por no disponer de información precisa sobre el caso. En la conversación, en la que se advierte el creciente nerviosismo del hombre, añade sentirse «fracasado a todos los niveles, no pinto nada aquí y lo único que he pintado es que se han reído de mí hasta el momento de hoy». El agresor justificó la muerte del policía al señalar que disparó contra él después de ver cómo éste «sale corriendo, echa mano de la pistola, me siento amenazado y disparo, con tan mala suerte que le di, pero casi puedo asegurar que ni he apuntado», y añadió que cuando se ha enterado de su muerte sintió «tristeza y lástima», si bien hizo hincapié en el hecho de que podía haber matado a otro policía «como un conejo, si hubiera querido». Por último, afirmó que a sus hijos y a su mujer «nunca les he puesto la mano encima», y añadió que su esposa «sabe que antes de hacerle a ella algo me levanto veinte veces la tapa de los sesos, a pesar de que me ha arrancado infinidad de veces el corazón».

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