Asume la presidencia de honor con un durísimo alegato contra el PSOE: «Nunca he utilizado cal viva para encubrir un asesinato»
Aznar deslegitima al Gobierno
La última despedida de José María Aznar ante el PP ha sido, al mismo tiempo, su reentrada en la política nacional y un durísimo alegato contra el PSOE, incluso reavivando la memoria de los GAL. Aznar es ya el presidente de honor del partido. A Mariano Rajoy le ha dejado un mensaje claro: la futura credibilidad que le puedan dar los votantes se debe a los éxitos de los ocho años de Gobierno. De su gestión en La Moncloa, Aznar no reconoció ningún error, ni siquiera en la guerra de Irak, alejando la clausura de este XV Congreso de la autocrítica con la que lo abrió Alberto Ruiz-Gallardón. «Agradezco que me hayáis elegido presidente de Honor. Gracias, Mariano. Gracias a todos. Para mí, es verdaderamente un honor y quiero deciros que no hay nada de lo que esté más orgulloso que de este partido», dijo Aznar. Así aceptó, como estaba previsto, el cargo que ha creado para él Rajoy. El nuevo líder del PP aseguró que este ofrecimiento se debe a que fue un gran presidente, tanto del partido como del Gobierno y a su lealtad con sus compañeros. «Sólo se ha guiado a la hora de tomar decisiones por los intereses generales de España, jamás por interés propio», sentenció Rajoy. Cadáveres como pretexto Hasta ahí el lado amable del discurso de José María Aznar. A la encendida, apasionada e incluso radical defensa de sus años de Gobierno unió un durísimo ataque al PSOE. «A mí me da igual que me digan que soy como Bin Laden», dijo Aznar. Continuó recriminando al presidente de la Junta de Extremadura, Juan Rodríguez Ibarra, que le dijera que tiene 200 muertos, los del 11-M, a sus espaldas, porque «él sabrá cuántos cadáveres tienen sus amigos esos a los que él ampara y anima». Primera alusión a los GAL, pero no la única ni la más dura. Después aseguró que dejó el Gobierno «con la cara bien alta y las manos limpias», puesto que «ni yo ni ninguno de nosotros hemos usado nunca cal viva para encubrir ningún asesinato». Al PSOE achacó Aznar el intento de «extinguir» al PP, para que «no hubiera alternativa en el centro político». «Hoy lo que quiero deciros es que no hay que tener miedo de ser los únicos que hacemos oposición, de lo que hay que ocuparse es de que nuestras críticas sean razonables y no meros exabruptos», añadió, convencido de que a los populares se les «aprecia» porque son serios. «No prestéis atención a esa causa general que desde el Gobierno se ha abierto contra el anterior Gobierno. Pero denunciadlo», añadió. Cuentas con el pasado Aznar aseguró que, al llegar a La Moncloa, nunca miró hacia el pasado. «Y mira que había cuentas, y cuentas, y cuentas que podíamos hacer pedido. No ajustamos cuentas con el pasado. No lo hicimos y además no me arrepiento de no haberlo hecho», dijo, porque «el Gobierno del revanchismo tiene un recorrido muy corto». Como parte de ese revanchismo que Aznar achaca al Ejecutivo, citó el 11-M. «Yo voy a ir a la comisión de investigación parlamentaria porque nunca he dejado de dar la cara, y voy a decir la verdad porque nunca hemos hechos otra cosa», sentenció. No acabaron ahí las críticas al PSOE. Acusó al Gobierno de querer enfrentar a los españoles, de escoger los asuntos de sus reformas para parecer «nobles progresistas» y presentar al PP como antiguos.