«Soy escéptica con el futuro, pero lo cuento por si puede ser útil», razonaba una superviviente

Auschwitz recuerda la tragedia y apela al mundo a aprender para el futuro

Representantes de cuarenta países y supervivientes aluden a los peligros actuales Primer homen

Las llamas iluminan las vías por donde llegaban los trenes a Auschwitz

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agencias | auschwitz
León

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La liberación de Auschwitz, hace 60 años, fue conmemorada en el antiguo campo de concentración nazi, en una ceremonia en la que representantes políticos y supervivientes recordaron la tragedia pasada, aludieron a los peligros actuales y apelaron a aprender para el futuro. El acto, impresionante de solemnidad, empezó y acabó de la misma manera, con el silbido simbólico de un tren que llega, como llegaban de toda Europa los trenes que traían a nuevos presos, en su mayoría judíos, a este campo en el que las cámaras de gas y los hornos crematorios funcionaban con más eficacia que en cualquier otro. Un millar de supervivientes, alguno luciendo con orgullo el brazalete con el número que le dieron en el campo y el símbolo de la categoría de preso a la que pertenecían, -judíos, polacos, rusos, gitanos- siguieron la ceremonia de tres horas al aire libre pese al intenso frío y la nieve que no dejó de caer. Junto a ellos, dignatarios de cuarenta países, empezando por el presidente ruso, Vladimir Putin, representante de los libertadores del Ejército Rojo; el presidente de Israel, Moshe Katzav, representante del pueblo más perseguido, y el presidente alemán, Horst Koehler, en representación de los antiguos opresores. Putin y Katzav fueron, junto con el presidente de Polonia, Alexander Kwasniewski, en cuyo país está emplazado Auschwitz, los encargados de pronunciar los discursos por parte de los dirigentes. Por las víctimas hablaron dos antiguos presos ilustres, el polaco Wladislaw Bartoszewski, ex miembro de la resistencia y de la disidencia anticomunista entre cuyo méritos está haber iniciado la reconciliación con Alemania, y la ex ministra francesa Simone Veil, así como el presidente de la comunidad gitana alemana, Romani Rose. «Yo soy escéptica respecto al futuro, pero sigo contando lo ocurrido por si puede ser útil», explicaba una polaca de 76 años tras conversar con una compatriota de 17 años, que le estuvo preguntando por el campo pero sobre todo por la odisea que vivieron para encontrar a sus familias.

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