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Si no hubiese ni un inmigrante, la provincia cerraría 60 aulas, la construcción quedaría paralizada, apenas habría limpiadoras y cuidadoras y se cerrarían más de 400 negocios
Es algo más que improbable, pero la cotidianidad en León sería otra muy distinta si no hubiese ni un solo inmigrante. La provincia, todavía hoy la que mayor capacidad tiene de captación de extranjeros en Castilla y León, acoge una de las inmigraciones más antiguas del país, prodecente en este caso de Portugal y Cabo Verde y afincada en las cuencas mineras. Por esta razón, el fenómeno expansivo que se vive en otros puntos de España parece haber tocado techo en León, donde ni siquiera existe ya un cierto atractivo como generador de empleo, más aún con la lenta agonía del sector minero. Para muestra, un botón. En Bembibre, el número de extranjeros ha descendido entre 1996 y el 2003 de 1.139 a 963 y en Villablino la reducción ha sido de 1.344 a 1.032. Fabero, con 369 extranjeros en 1996, tenía solamente 188 en el 2003. León capital ha pasado, en cambio, de 765 a 3.081 y los municipios de su franja periurbana agrupan a otros 611, de los cuales 488 se encuentran en San Andrés del Rabanedo y 123 en Villaquilambre. Ponferrada también se ha convertido en receptor de los nuevos flujos (725 extranjeros hace nueve años y 2.115 en el 2003), así como otros municipios bercianos con una economía agrícola pujante: Cacabelos, con apenas 14 inmigrantes en el 96, tenía 99 en el 2003. Esta pérdida, aunque a goteo, hace pensar en lo que pasaría si todos los inmigrantes desaparecieran en un abrir y cerrar de ojos. Entre otras muchas consecuencias, dejaría de haber más de 1.500 niños escolarizados, sectores como la construcción o los servicios se verían gravemente perjudicados por la inactividad y los 427 negocios regentados por extranjeros dejarían de existir. De la carga de escombros al cuidado de los niños Los sectores productivos de los servicios y la construcción serían los más afectados si no hubiese inmigrantes. A finales de enero de este año, en León cotizaban a la Seguridad Social 4.562 extranjeros de los más de 9.000 que residen en la provincia. La mayor parte de ellos (3.064) lo hacen en el régimen general, 346 en el agrario, 620 como trabajadoras del hogar, 427 están afiliados como autónomos y 105 en el sector del carbón. La mayoría de ellos proceden de fuera de la Unión Europea y en su mayor parte son hombres. En número, suponen un 2,8% de las personas que tienen un trabajo en la provincia. De no existir, la construcción se colapsaría, y no porque faltaran arquitectos u oficiales, sino porque casi todos son peones que se encargan de duras tareas para las que es difícil contratar a trabajadores locales. Esta situación es trasladable a servicios como la limpieza del hogar o la atención a personas mayores. Una gran parte de estos empleos dependen ya de que existan inmigrantes disponibles. De la misma manera faltarían repartidores y mensajeros, pesonal para carga y descarga o para ir a buscar a los niños al colegio... El ocaso del Bierzo y los valles del Esla, Cea y Órbigo Es indiscutible que la inmigración estimula el proceso de repoblación en la provincia. La proporción de menores de edad entre los extranjeros es del 15% frente al 12% de los locales. Con unas tasas de natalidad que en los últimos cinco años han oscilado entre los 25 y 31 nacimientos por cada mil habitantes, las de los extranjeros son cuatro veces superiores a las del conjunto provincial. El número medio de hijos por mujer es de 0,82 entre las leonesas y de 1,56 en las extranjeras, es decir, que por cada hijo que tiene un leonés, el extranjero tiene dos. El último informe del CES subraya la importancia que está teniendo este fenómeno en la repoblación de los valles del Órbigo, Esla y Cea. Se trata de adultos jóvenes (el 31% tiene entre 25 y 34 años), con una edad media de 31,2 años. El 82% de los extranjeros se encuentra en edad laboral y, de ellos, el 60% tiene entre 16 y 39 años, cuando estas proporciones son del 64% y 33% respectivamente entre los leoneses. Educación Centros escolares sin el color de 1.530 niñas y niños Ya son 1.530 los niños y niñas hijos de inmigrantes que estudian en las escuelas e institutos de la provincia. Teniendo en cuenta que cada aula tiene como máximo 25 matriculados, de no estar en León habría que cerrar diez aulas de infantil, 29 de Primaria y 21 de ESO. Se quedarían diezmados, sobre todo, los centros educativos de Armunia y El Crucero. Sin su presencia no se habrían logrado equilibrar las decadentes cifras de la enseñanza en la provincia, caracterizadas por una pérdida de alumnado atribuida a la baja natalidad. Hace dos años eran 1.220, por lo que el ritmo de crecimiento, ahora ya más estabilizado, es de un 25% anual. Estos alumnos representan el 2,3% de todos los escolares leoneses. Sin embargo, en términos de población, sólo el 1,8% de los habitantes de la provincia son inmigrantes. Sociedad Un polaco con madreñas actúa como un agente socializador Qué mejor ejemplo de mestizaje que ver a un polaco con madreñas o a un leonés comprando té en un comercio islámico. La inmigración, no sólo como cifra, también tiene su efecto como agente socializador. Los niños cumplen, en este marco, una función de transmisor de comportamientos sociales integradores y de canal de los valores culturales y autóctonos que viven en la escuela y que después trasladan a la familia. De no haber existido los flujos de emigrantes que han llegado históricamente a León, nadie sabe qué nivel de aceptación tendría hoy este colectivo en lugares como las cuencas mineras, donde la integración es plena, caso del ejemplo que representa la mezquita de Bembibre. Si votaran podrían volcar el gobierno municipal de León Un paso fundamental en la integración viene dado por la adquisición de la nacionalidad del país de acogida y, en consecuencia, extender ese sentimiento de nación para que la población extranjera que no sea de la Unión Europea pueda votar. En este caso, los inmigrantes son invisibles, por lo que de hecho es como si no existiese, hipótesis de este análisis. Hasta el momento, la posibilidad de votar en unas elecciones es nula para miles de inmigrantes -alrededor de 8.000- que no pueden ejercer este derecho. Si hubieran podido hacerlo, en León podrían haber dado un vuelco a los resultados electorales del 25 de mayo del 2003, cuando el PP y el PSOE quedaron separados por 3.296 votos.