Prueban la participación en la violencia callejera por un escupitajo
La Audiencia Nacional condenó ayer a Jon Crespo a dos años y seis meses de cárcel por un acto de «kale Borroka» (violencia callejera) gracias al resultado de una prueba de ADN -identidad biológica- cuya muestra de contraste se obtuvo de un escupitajo que lanzó en una calle. El tribunal de la Sección Tercera de la Sala de lo Penal declaró a Crespo autor de un delito de daños terroristas por los estragos causados el 3 de marzo del 2001 en la fachada de la sede bilbaína del diario El Correo , a la que lanzó, en compañía de otras personas, varios cócteles molotov. Los magistrados señalan que el atentado, para el que los autores cubrieron sus caras con capuchas, quemó un toldo, afectó a la fachada del periódico y causó unos daños que costó reparar algo más de 3.000 euros. La sentencia indica que la culpabilidad de Crespo se declaró de acuerdo a dos pruebas: su confesión ante la Ertzaintza, tras su detención el 17 de noviembre del 2002, y una prueba científica, que permitió determinar que su ADN era idéntico al existente en los restos biológicos de una de las capuchas que los violentos abandonaron a unos cien metros del lugar del atentado. Crespo confesó a la Policía Autónoma Vasca y en el juzgado que había sido el autor del ataque a El Correo , pero durante el interrogatorio en el juicio negó lo declarado y aseguró que sus palabras habían sido obtenidas a través de malos tratos y torturas. El tribunal consideró definitiva la prueba de ADN. La muestra para poder practicar la prueba pericial se obtuvo días después de los actos violentos.