«Gersul necesita tres zonas de vertidos en León, Bierzo y los pueblos de la Montaña»

En los vertederos clandestinos sólo hay avisos, pero ninguna sanción

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A. Núñez - león
León

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Dar una solución para una década, aunque no fuera definitiva, al problema de los residuos de la construcción requeriría disponer en la provincia de al menos tres vertederos situados estratégicamente en otras tantas zonas de la provincia, según el diputado responsable del área de medio ambiente en el Palacio de los Guzmanes, Cipriano Elías Martínez: «por lo menos uno en las inmediaciones de León capital o tal vez en el Páramo sur, otro en el Bierzo y un tercero en los pueblos de la Montaña norte». Para resolver el problema la Diputación ha convocado un concurso de ideas, que está a punto de resolverse, en la adjudicación de un proyecto que, a su vez, tardará, como mínimo varios años en ejecutarse. «Antes de fin de año es prácticamente imposible que tengamos el estudio y luego sigue el resto de los trámites de adjudicación, construcción propiamente dicha, etcétera». Sin ubicaciones concretas Los responsables de la Diputación tienen sobre el mapa provincial prederminadas algunas zonas que podrían albergar los futuros vertederos de residuos inertes, aunque prefieren no anticipar ningún paraje ni municipio en concreto para no alentar oposiciones vecinales como las que generó en su día el CTR de residuos urbanos ahora situado en San Román de la Vega. Aunque se supone que los vertidos residuales de la construcción son inertes y no contaminantes se elude cuidadosamente cualquier anticipo de ubicación para no alentar protestas. Según reconoce Cipriano Elías Martínez, ninguna escombrera es completamente inocua, de forma que previamente al rellenado de cualquier terreno habría que separar materiales reciclables de los que no lo son: maderas, metales vulgares o pesados, cemento tierra y escombros propiamente dichos, etcétera. «Necesitaríamos para eso también la colaboración de los ayuntamientos y de los contratistas de obras, muchos de los cuales ya están dispuestos a dárnosla porque se ven con el agua al cuello, aunque unos más y otros menos». El proceso de tratamiento de los residuos teóricamente inertes, que hasta ahora se vierten en el primer hueco que encuentran los pueblos o cárcavas abandonadas, tapándolos luego con tierra del entorno, requeriría controles costosos, de acuerdo con la normativa ya vigente, que casi ningún ayuntamiento cumple ahora: por ejemplo, diferenciar restos de cemento, adobe, plásticos, vidrios, metales pesados como el plomo de las cañerías o cualquier material susceptible de contaminar aguas subterráneas.

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