Blair agrava la crisis de la UE con un triple veto al reparto de fondos
Nueve de los diez nuevos socios reducen sus peticiones para intentar salvar el pacto La falta de acuerdo dejará a Galicia sin fondos para la convergencia
Hasta tres veces empuñó ayer Tony Blair el poder del veto para rechazar otras tantas opciones de compromiso en torno al reparto de los fondos comunitarios para el período 2007-2013, provocando así una gran sacudida en los cimientos de la UE. Y el temblor se hará sentir sobre todo en los países y regiones que, como Galicia, se benefician de las ayudas a la convergencia. El fracaso en la negociación financiera, al que contribuyó también el veto de España, Holanda, Suecia y Finlandia, se suma al parón político de la Constitución. Nueve de los diez socios recién llegados a la Unión, que además son los más pobres, incluso se ofrecieron a sacrificar en favor de los más ricos parte de las ayudas que les tocarían percibir a partir del 2007. Ante esta propuesta, incluso Zapatero se avino a reconsidferar su posición. Pero ni aun así se vislumbró el acuerdo. Los líderes europeos se mantuvieron anoche alejados de toda posibilidad de consenso, lo que arrastra a la UE hacia el precipicio de una crisis duradera. El presidente en ejercicio del Consejo Europeo, Jean-Claude Juncker, metió ayer en vereda a los líderes comunitarios, con la esperanza de hacer sonar la campana del acuerdo. No lo logró al primer intento, durante el almuerzo, durante el cual la mayoría de las delegaciones se dedicaron a repetir una y otra vez el importe del cheque que deseaban llevarse de Bruselas. El británico Tony Blair, junto al danés Anders Fogh Rasmussen, el sueco Göran Persson, el holandés Jan Peter Balkenende e incluso el italiano Silvio Berlusconi escenificaron su sintonía financiera al repetir a modo de eslogan que querían un presupuesto «para el futuro, no para el pasado», en el que se diese más cabida al fomento de la innovación, la competitividad y la excelencia tecnológica, y no tanto a los pagos agrícolas. Reducir el cheque En el otro extremo, los cancilleres alemán y austríaco, Gerhard Schröder y Wolfgang Schüssel, junto al presidente francés, Jacques Chirac o el irlandés Bertie Ahern se encargaban de defender el peso del gasto agrícola, que representa el 44% del presupuesto europeo, a la vez que llamaron a reducir o congelar el llamado cheque británico, la devolución de un promedio de 4.600 millones de euros que recibe Londres para aliviar su aportación a las arcas comunitarias. Consciente de la dificultades y de que nadie movía ficha, Juncker suspendió la sesión para mantener encuentros bilaterales con Blair, Chirac, Balkenende y Persson para hacer algunos cambios. Hacia las seis de la tarde, Chirac hacía llegar un mensaje a las demás delegaciones, según fuentes galas, consistente en que Francia «puede aceptar el cuadro global de compromiso» puesto sobre la mesa por la presidencia de Luxemburgo ?que implicaría una reducción de 6.000 millones de euros en ayudas agrarias y una congelación (que no recorte) de la compensación británica? para no dejar escapar la «oportunidad histórica» de cerrar un acuerdo. Es más, Chirac admitió que había tres países (Alemania, Holanda y Suecia) que pagaba demasiado a la Unión y que sería necesario reducir su contribución. Sin duda se trataba de un guiño a las pretensiones del primer ministro holandés, que en la reunión fue el único que amenazó explícitamente con el veto si no se aligeraba en unos 1.000 millones de euros su aportación. Tasas aduaneras Juncker estiró hasta el límite, concediéndole a Holanda una devolución excepcional de 460 millones de euros, que Balkenende quería elevar a 1.500 millones al año. De forma empecinada, la presidencia luxemburguesa volvió a sacar la calculadora para buscar una nueva compensación, esta vez aumentando las retenciones por gastos de recaudación de ciertas tasas aduaneras, por ejemplo del puerto de Rotterdam, lo que provocó recelos del primer ministro belga, Guy Verhotstatd, que vino a reclamar el mismo privilegio para el vecino puerto de Amberes. Con estos mimbres, y manteniendo la prórroga de dos años en el Fondo de Cohesión para España, Juncker se reunió en cuarteto con Chirac, Schröder y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, para redactar la última propuesta de compromiso. Todos los esfuerzos parecían inútiles a última hora de ayer, sin visos de solución.