Los dos pisos apoyados de León y Ponferrada son un recurso para que pacientes crónicos logren la máxima autonomía

Primera experiencia de emancipación de 14 leoneses con enfermedad mental

Alfaem pide ayuda para abrir otro piso que prosiga el plan tras el año de estancia máxima

La cocina, como el resto de trabajos domésticos, se realiza de forma rotatoria

León

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La reforma psiquiátrica sacó a los enfermos mentales de los manicomios, pero sin crear estructuras alternativas de alojamiento. Las familias han soportado la carga durante más de una década, otra parte han recalado en residencias privadas -primero de ancianos y ahora cada vez más especializadas- pero faltaba otro recurso, los pisos tutelados, que mediante apoyo especializado pueden otorgar a un cierto número de personas con enfermedad mental crónica una autonomía y una forma de vida normalizada con apoyo. La creación de viviendas apoyadas, tuteleadas o supervisadas es una de las medidas que contempla la estrategia de salud mental de Castilla y León. León dispone en la actualidad de dos hogares tutelados de Sacyl para enfermos mentales, que dependen del hospital Santa Isabel, y de dos pisos apoyados que gestiona la Asociación Leonesa de Familiares y Amigos de Enfermos Mentales (Alfaem) en León y Ponferrada en convenio con la Gerencia de Servicios Sociales. En conjunto, los 47 hogares para personas con discapacidad por enfermedad mental que hay en la comunidad de Castilla y León disponen de unas 170 plazas, de las que una veintena corresponden a la provincia de León, el 12% del total. En marzo se cumple un año de la apertura de los dos pisos apoyados de Alfaem. Un convenio entre la asociación y la Gerencia de Servicios Sociales, por importe de 42.000 euros anuales, ha supuesto la primera oportunidad para las 14 personas con enfermedad mental que han pasado por las viviendas. Tres de ellos cumplirán un año, el plazo máximo fijado para la estancia, en marzo. Pero si no se busca otro alojamiento alternativo tendrán que retornar a su situación anterior: a rotar con familiares en distintas localidades, a regresar al pueblo con su padre y su madre, ya mayores, o a ingresar en una residencia pese a su edad. «Sería un retroceso decepcionante», subraya la trabajadora social del programa. La experiencia de este año ha aportado estabilidad en su enfermedad y lo aconsejable, en opinión de Alfaem, es que «pasaran a vivir en otras viviendas con una supervisión periódica, no tan intensa como aquí», precisa la gerente, Rosa Conde. En los pisos protegidos abiertos hace un año, hay dos personas que diariamente, de siete a nueve de la noche, intervienen en la organización y programan las actividades a realizar con los residentes semanalmente. La diferencia con el alojamiento supervisado es que en este último la supervisión es más flexible. La asociación quiere abrir una casa supervisada en León como «recurso alternativo de cara a la inserción social» de las personas que actualmente residen en el piso apoyado, para que «mantengan las habilidades recuperadas y logren desenvolverse con mayor nivel de autonomía en los diferentes ámbitos de su vida», precisa la gerente de Alfaem. Este recurso representa, según la asociación, el «último paso en su proceso de integración previo a la vivienda normalizada». Asimismo, se plantea como un recurso polivalente, como alojamiento estable y duradero para algunas personas y como estructura de transición para otras. El perfil de las primeras serían aquellas que precisan de un apoyo formal permanente por carecer de familia o imposibilidad de ésta de atenderlos. El alojamiento temporal se dirige a aquellas personas que precisando de una supervisión constante durante un tiempo determinado, cuentan con apoyo familiar o social de cara al alta y disponen de recursos económicos para acceder a una vivienda del mercado ordinario. La asociación estima que su funcionamiento tendría un coste de unos 20.000 euros anuales por cada piso supervisado, de ocho plazas, que contaría con dos monitores adscritos en un cuarto de jornada y también un trabajador social con el mismo tiempo de dedicación. «Si desaparecen las familias, muchas personas con enfermedad mental se ven obligadas a ser internadas en una residencia, cuando con un entrenamiento y supervisión podrían vivir en su propia casa» ALFAEM, Asociación Leonesa de Familiares y Amigos de Enfermos Mentales

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